Diario de León

«Cualquier hallazgo de armas de destrucción masiva no será reconocido si no es ante los inspectores de la ONU» Putin

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La anarquía y el robo es tal que el jeque Abbas Al Zubaidi se ha instalado en uno de los hospitales de Bagdad. «Les explicamos a la gente que es pecado robar. Ahora, ellos mismos están devolviendo los medicamentos y los equipos que se habían llevado», afirma el jeque. El nivel de caos llegó incluso a que los imanes decidieran no abrir las mezquitas de Bagdad, pese a que el viernes es el día islámico de oración. Al caos de seguridad se sumó el enfrentamiento armado entre los seguidores del dictador y miembros chiítas, en el barrio conocido como Sadam City, al este de Bagdad. Los milicianos islamistas continuaron con su particular caza de soldados estadounidenses. Un marine resultó muerto y otros dos heridos al explotar una mina en el centro de Bagdad. Las víctimas viajaban en un carro de combate Bradley cuando fue detonada la mina con un mando a distancia. A esa muerte se suma la de otros dos soldados estadounidenses al explotar accidentalmente un depósito de municiones que pretendían destruir. En la deflagración resultaron heridos varios civiles. Milicias de autodefensa han comenzado a surgir en varios barrios de Bagdad para defenderse de los saqueadores que han venido actuando en la ciudad desde su liberación. Los bagdadíes, equipados con fusiles de asalto y pistolas, se disponían por toda la ciudad a levantar barricadas y retenes para cortar las vías de acceso a los senderos de entrada a las casas. En los cruces, varios grupos de hombres armados montaban guardia mientras caía la noche en una ciudad completamente fuera de la ley en la que se han multiplicado los incendios en ministerios, administraciones, hoteles y tiendas estatales y privadas. Los saqueadores provenían especialmente del barrio este de Bagdad, Sadam City -habitado por más de millón y medio de chiíes- y ayer por la noche miles de ellos volvieron a sus casas cargados con el fruto de sus rapiñas. Las convenciones de Ginebra establecen que toda fuerza ocupante está obligada a establecer una vigilancia policial para garantizar la seguridad y el orden, algo que hasta ahora ha brillado por su ausencia en Bagdad. Ahora, los marines tendrán que poner remedio a tanto estropicio.

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