OPINIÓN Javier Fernández Arribas

Estados Unidos juega con fuego

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León

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Estados Unidos está jugando con fuego en Irak. No es una metáfora fácil y resultona. Simplemente hay que observar con cierta distancia y frialdad lo que está ocurriendo durante las últimas horas para concluir que la situación puede írseles de las manos en cuestión de horas. No se trata de alarmar gratuitamente, ni de adoptar una posición crítica a la campaña militar norteamericana que en 21 días ha sido capaz de tomar Bagdad y hacer caer al régimen. La cuestión es real y se vive al minuto en las televisiones de todo el mundo: del orden establecido (dictatorial y represor) se ha pasado a la anarquía y el caos absolutos donde los comerciantes disparan contra sus vecinos para evitar más saqueos. Una cosa es el síndrome de la libertad que toda fuerza ocupante practica para que los ciudadanos sometidos a una férrea dictadura represora se sientan libres y liberados gracias a alguien -incluso hasta el punto de que puedan cumplir su sueño de profanar y desvalijar los palacios de sus verdugos y destrozar los coches de lujo del hijo mayor de Sadam, déspota y sanguinario donde los haya- y otra muy distinta es que el ambiente general en todas las ciudades liberadas sea el de la anarquía y el caos. Para los ojos occidentales, lo que está ocurriendo es sinónimo de ocupación militar sin más preocupaciones que desalojar del poder a Sadam Huseín mientras la población civil tiene que enfrentarse entre sí para conseguir una botella de agua que llevarse a la boca. Los asaltantes han desvalijado hasta el hospital de Bagdad. Ya hay quien recuerda la Convención de Ginebra que dice muy claro que corresponde a las fuerzas vencedoras el control de la ley y el orden. El punto de inflexión para considerar lo que ha ocurrido en Irak estos últimos días está cerca. De una victoria militar en 21 días se puede pasar a un desastre absoluto no sólo para el régimen de Sadam, si no para el pueblo iraquí, que no dispone de agua, ni alimentos, ni atención médica y sigue sufriendo el fuego cruzado entre los marines y los pocos fedayines que no se han evaporado. Por cierto, la incredulidad general se alimenta cada hora que pasa con la desaparición de toda la cúpula del régimen. Ni la CIA tiene la más ligera idea de dónde está Sadam y compañía. Tikrit es el objetivo final. Mientras tanto, habrá que jugar a las cartas con la baraja distribuida por EE. UU. con 55 naipes con altos dirigentes iraquíes buscados y reclamados. Wanted, como en el oeste pero al borde del ridículo. Como en Afganistán y Osama bin Laden.

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