El último día de guerra
¿Cuánto me pides por este lanzacohetes?

Un soldado americano descansa en uno de los tronos de la residencia del hijo de Sadam, Uday Huseín
-50 dólares. - ¿Y esas granadas? -Cada una por tres dólares. En el mercado de armas de Arbil, la vida sigue su curso. Por diez mil pelas de las de antes aquí te puedes hacer con lo suficiente para cargarte los dos coches y parte de la casa de tu vecino. Se admiten pedidos especiales. A nadie le importa que el de hoy sea el último día de la guerra, o que las tropas norteamericanas entren en Tikrit. Se habla, se comenta y se festeja, pero se sigue comprando, por si acaso. La guerra en el Kurdistán es algo con lo que se aprende a vivir. Además, aquí la gente sabe que la verdadera lucha no ha hecho más que empezar. Tras diez años de autonomía, los kurdos aún no saben qué será de su destino en el futuro Irak. Suena un disparo. Alguien probando el kalashnikov que acaba de comprar. El día en el que termina la guerra, Mosul amanece con cinco columnas de humo de cinco edificios que siguen ardiendo. Persiste el caos. Los vecinos de los barrios han tomado las armas para defender lo que es suyo y la ciudad se llena de controles en los que más vale pisar el freno si no quieres llevarte un balazo en la cabeza. Siguen llegando heridos a los hospitales. Kurdos y árabes se la tienen tomada. La gente acude al aeropuerto, donde los norteamericanos tienen su base, a suplicar protección. El día que se canta victoria, Kirkuk aún huele a petróleo. Lo derramaron los iraquíes para quemarlo y defenderse de una ofensiva de la que al final huyeron sin luchar. Dos muchachos se manchan la manos cargándolo en pozales para llevárselo a casa. Hay cuatro tanques norteamericanos protegiendo los yacimientos y poca gente en las calles. En el único restaurante de la ciudad sólo hay agua y arroz para comer, la luz eléctrica va y viene como un columpio y los policías que patrullaron las calles con Sadam han vuelto al trabajo. El día en el que los marines plantan sus reales en el palacio real del real pueblo de Sadam. Porque Irak hoy es una tierra vencida con cinco ciudades en las que reina el caos y un gran desierto lleno de villorrios.