Publicado por
León

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Es más fácil exportar armas que exportar democracia. Para exportar armas sólo hace falta dar con el intermediario correcto, que él, a su vez, ya encontrará al funcionario corrupto. La democracia, en cambio, es difícil de implantar en sociedades teocráticas, o multirraciales, o con altísimos niveles de corrupción, o con enormes diferencias económicas, o con todos estos problemas reunidos. Durante muchos años a los españoles nos dijeron que la dictadura era buena, porque de lo contrario nuestra sangre caliente volvería la guerra civil. Nos lo decía el dictador o sus paniaguados, claro, y mucha gente se lo llegó a creer. Así, que no vamos a decir de ningún pueblo que no esté preparado para la democracia, pero si observamos la región que rodea a Irak, ni hay democracia en la monarquía absolutista marroquí, ni en la República Argelina, ni en la Libia del tirano Gadhaffi, ni en Siria, ni en Irán, ni en Arabia Saudí, ni... Excepto la Turquía tutelada y subvencionada por EE.UU., Egipto y Tunicia, lo demás es un conjunto de sátrapas o iluminados religiosos que gobiernan por la tarde con los consejos que Alá les dé por las mañanas, e Israel, que es una democracia, resulta una democracia alterada por la tensión permanente de una guerra nada larvada, sino evidente. La soberbia occidental siempre nos ha hecho creer que la democracia es tan exportable como los pantalones vaqueros, pero la realidad demuestra que la complejidad social y cultural presenta anticuerpos difíciles de sustraer. La falta de laicismo es una rémora que deja a la democracia inerme, porque si aceptamos las leyes divinas para gobernar los asuntos terrenos resultará que las leyes humanas, por muy democráticas que sean, tienen poco que hacer. La democracia es un fenómeno todavía minoritario en el planeta. Son más los ciudadanos que viven en regímenes autoritarios que los que viven en sociedades libres. Y, a pesar de que el producto es bueno, la exportación nunca es fácil.

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