Diario de León

| Crónica | El pleno más esperado |

El día que la UPL rompió a llorar

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Javier Melero - león
León

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Las lágrimas de Javier Chamorro y de Covadonga Soto, concejales leonesistas, eran fiel reflejo de lo que estaba ocurriendo en el salón de plenos del antiguo Ayuntamiento de León en su día más concurrido. No hubo sorpresas. El pacto entre el PSOE y la UPL, ése que muchos no se creían, se cristalizó finalmente y la emoción invadió a buena parte de los presentes. Los citados Chamorro y Soto acataron la disciplina de su partido, pero su propia conciencia les traicionó al dejar fuera con sus votos a un equipo de gobierno, el del PP, en el que dejan amigos personales. «Esto es la política y ya se sabe lo que hay», se pudo escuchar, «pero no se pueden evitar los sentimientos personales». Por su parte, el nuevo y flamante alcalde, Francisco Fernández, no reflejaba en su rostro una especial alegría. Parecía que la cosa no iba con él, pese a ser el artífice del cambio que hoy se produce en León. Frío como el hombre al que acababa de sustituir, apuntaba en sus declaraciones las tres claves de su futuro gobierno: vivienda, empleo y, sobre todo, participación ciudadana. Fueron las bases de su campaña y sigue insistiendo en ellas. Pocos minutos antes, cuando el secretario leía la papeleta número 14 para Fernández, la parte del salón ocupada por los seguidores del PSOE estallaba en aplausos, vítores y felicitaciones. Fernández se sabía arropado por su secretario provincial, Miguel Martínez, que llegaba a tiempo tras su propia investidura como alcalde de San Andrés, y por Jaime Fernández, Antonio Losa o Ignacio Robles. El PSOE lograba por fin la ansiada Alcaldía de León. El comentario entre las filas socialistas era que la capital necesitaba un cambio después de muchos años de hegemonía popular. Pero poco antes, los socialistas todavía vivieron su penúltimo susto. Las extrañas leyes de la aleatoria hicieron que cuando el secretario leía los votos depositados en las urnas por los concejales, la mayor parte de los que escribieron Mario Amilivia salieron al principio. El resultado llegó a estar nueve a cinco a favor del exalcalde. La lógica del pacto se impuso después irremediablemente. Cuando Mario Amilivia, recibía su banda de concejales, era otra la parte del salón la que aplaudía con pasión. Precisamente, Amilivia parecía el más entero de su grupo. Eran otros, como el propio Saurina, Ana Guada o Cecilio Vallejo, los que transmitían más desasosiego. Luis Aznar, Javier Lasarte, Enrique Gil y López Benito apoyaban cariñosamente al hasta ahora alcalde. Manolo Martínez no lo pudo hacer, porque se retiró con presteza justo al terminar la sesión Entre los leonesistas, había de todo. Alejandro Valderas, sin inmutarse. Los citados Javier Chamorro y Covadonga Soto pasando el trago como podían. Gema Cabezas, radiante. Se ha convertido en un valor en alza en una UPL que se cotiza a la baja. También Luis Blanco y Abel Pardo, los dos concejales leonesistas que no han repetido, se mostraban satisfechos. En el caso de éste último, el premio a su fidelidad puede ser una oficina de nueva creación en el Ildefe. Y por último, Rodríguez de Francisco. No estaba en su salsa y se le notaba. Sabe que ha arriesgado mucho y que dentro de su partido hay voces contrarias al pacto. La química con Amilivia no sólo ya no existe, sino que se ha convertido casi en desprecio. Joaquín Otero no fue al pleno. Al final y con toda la razón, pidió respeto para las decisiones de la UPL, aunque éstas sean equivocadas.

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