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Mercedes Gallego - nueva york
León

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La bandera de la ONU en el cuartel general de la organización en Nueva York se bajó ayer a media asta en señal de pésame por la muerte de su delegado en Irak, Sergio Vieira de Mello, y al menos otras 16 personas. El atentado, prometió el Consejo de Seguridad, «no quebrará la voluntad de la comunidad internacional en intensificar sus esfuerzos para ayudar a Irak». La determinación salía de boca del representante sirio Fayssal Mekdad, presidente en turno del Consejo, a cuyo país acusaban este martes todas las voces de servir de entrada a Irak para los extremistas islámicos que quieren convertirlo en un nuevo Afganistán. El comunicado, insistió, era unánime de los 15 miembros del Consejo, entre los que también se encuentra España. Precisamente, el Consejo de Seguridad aprobó la semana pasada el envío de 300 funcionarios más para reforzar la misión en Irak, donde trabajan ya cerca de 700 personas. La tragedia interrumpió las vacaciones en Helsinki del secretario general Kofi Annan, que regresa hoy a su oficina. El alto mandatario de la ONU declaró compungido que la pérdida de su representante «es un amargo azote para las Naciones Unidas y para mí personalmente».

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