El traslado de un órgano entre hospitales y quirófanos cuesta más de 6.000 euros

Carlos Fernández Renedo, coordinador del programa de trasplantes del complejo hospitalario de León
Trasladar un órgano vital de un hospital a otro para realizar un trasplante resulta una operación compleja y costosa, el trabajo de los cirujanos aparte, por el operativo que requiere en medios humanos y materiales. Lo más sencillo es mantener entre el hielo de un simple frigorífico portátil, aunque algo más sofisticado, un riñón, un corazón o un hígado para que sus células se mantengan vivas entre el fallecido y el paciente. El problema está en hacerlo de forma eficaz, lo que requiere un complicado acompañamiento de ambulancias y, en ocasiones, de medios aéreos, helicópteros y aviones, para que el órgano trasplantado y el receptor coindican con el menor número de problemas posible. y en pocas horas. Según el doctor Renedo, cada vez que se produce una extracción de órganos se pone en marcha, por supuesto sin horario fijo, un rápido dispositivo, a veces un tanto aparatoso, que no puede fallar a ningún precio, aúnque básicamente siempre sea el mismo: mantener artificialmente vivo el cuerpo de un donante que cerebralmente ya ha fallecido, convencer a la familia para que conceda el correspondiente permiso de donación de órganos, realizar una analítica de los órganos válidos o susceptibles de trasplante, que nunca o casi nunca son todos, búsqueda de los receptores ideales a cientos de kilómetros de distancia, los cuales, a su vez, deberán estar disponibles en lejanos hospitales en todo momento, realizar la extracción quirúrgica de las vísceras, transportarlas a toda velocidad en ambulancias hasta el aerpuerto más cercano y luego en avión o helicóptero hasta la ciudad de destino, donde, a su vez esperan más ambulancias, y, por último proceder a su reimplante en el paciente que, con suerte variada, podrá salvar o no su vida. Desde el primer momento hasta el último no deben transcurrir más allá de cuatro a diez horas, dependiendo del tipo de órgano a transplantar, aunque siempre la rapidez y la disponibilidad de los equipos humanos de transporte y cirugía es clave, «porque ponerlos de acuerdo es cuestión de pocas horas». Los dispositivos que se montan periódicamente en León para este tipo de traslados resultan a menudo espectaculares y colapsan frecuentemente la circulación rodada hasta acceder al aeropuerto a las horas más intempestivas, ya sea a pleno día o de madrugada. Y su coste es proporcional al esfuerzo de los médicos como al resto de los medios desplegados. Según Renedo, se estima que el transporte de un órgano para trasplante se aproxima a un millón de las antiguas pesetas, que se multiplica en el caso de un cadáver con extracciones múltiples. Paradójicamente montar un dispositivo a la inversa, o sea que el paciente receptor acudiera al hospital de origen del donante, resultaría aún más costoso, tanto porque el traslado sería el mismo, sólo que el del paciente, como porque todos los hospitales provinciales tendrían que ser dotados de sofisticados e infrautilizados equipos quirúrgicos.