Diario de León
Publicado por
Luis del Val
León

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La mayoría de las personas con mala memoria hemos caído en la tentación de decir eso de que «la memoria es la inteligencia de los tontos». Perdónesenos, porque también la mayoría de los calvos han explicado que la alopecia se debe a un exceso de testosterona, y decenas de miles de mujeres bajitas no se han resistido a pronunciar la frase de que «la esencia se guarda en frasco pequeño». Mariano Rajoy tiene una memoria prodigiosa, lo cual, junto a una fuerte voluntad y capacidad de estudio, le permitieron aprobar una de las oposiciones más duras de nuestro país: la que permite ejercer de notario o de registrador de la propiedad. Pero ¿es inteligente? Hasta ahora ha demostrado que sabe navegar por las aguas más sucias (léase chapapote), andar por los caminos más resbaladizos y llenos de bordes abruptos o bordes a secas (entiéndase autonomías) y sobrevolar por los aires más espesos y neblinosos (pongamos que nos referimos a Galicia). No parecen malas sus pruebas por tierra mar y aire pero ya que estamos en frases recordemos la que de que «no todas las personas inteligentes tienen sentido del humor, pero las que tienen sentido del humor son inteligentes». Si el axioma es cierto, el ciudadano Mariano Rajoy también es inteligente. Puede que esa constituya una de las virtudes que deba ocultar, porque esa ironía, casi más británica que galaica, puede ser peligrosa para un país que parece encontrarse en una situación de esas en las que parece que no admite bromas. Lo que no resulta es guapo, menos mal, porque si lo fuera habría que presentar reclamaciones en la ventanilla correspondiente por evidente discriminación. Y ya que estamos rajando sobre Rajoy, reconozcamos que no posee ese carisma arrebatador que el votante romántico asocia a los líderes. Claro que, si de candidato pasara a ser presidente del gobierno hay una varita mágica llamada Boletín Oficial del Estado que, semana a semana, se encarga de inundar de carisma a cualquier jefe de gobierno.

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