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León

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Según los alcaldes rurales que comparten el cargo con el de diputados en el Palacio de los Guzmanes, tan gravoso es mantener los servicios en las pequeñas poblaciones como ingeniárselas para dotarles de infraestructuras o renovarlas. De hecho, en los pequeños pueblos apenas se pasa el recibo o la tasa del agua, en tanto que el resto corre a cargo de los ayuntamientos, independientemente de que el número de vecinos de cada población sea numeroso o escaso. En las pequeñas localidades rurales, como las dependientes del Ayuntamiento de Riello, la factura del alumbrado público suma casi 300 euros al año por persona, que corren integramente por cuenta de las arcas municipales. La situación en similar en cualquier minúsculo pueblo de montaña, donde, por ley y solidaridad de otros constribuyentes, debe mantenerse el servicio a cualquier coste. A estos gastos en no pocas poblaciones, ya de mediana dimensión, tienen que añadirse el mantenimiento de reemisores de televisión, estaciones locales de depuración de aguas residuales, limpieza de calles y, por supuesto, en todas la recogida de basuras, aunque no sea diaria. El manteniento de los servicios incluso en el pueblo más minúsculo resulta, de todas formas, gratificante para los alcaldes de las áreas rurales, que, de otra forma, verían despoblada su zona. Según Cipriano Elías Martínez, de Riello, «si un pueblo lo pide es lógico que lo haga también el de al lado y, al final, los despoblados terminan limitándose a los meses de invierno, porque en verano la gente que ha emigrado regresa y quiere ver su calle habitable, aunque, hombre, para la Diputación no es lo mismo que si el censo de población fuera el mismo todo el año»

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