El Gobierno y el PP desprecian la oferta y le responden que ponga en orden a su propio partido

Zapatero reta a Rajoy a una cumbre para «normalizar» la democracia

El líder socialista le exige sacar el debate de la unidad de España y respetar las instituciones

Mariano Rajoy conversa durante su visita de ayer al País Vasco con Mayor Oreja

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Enrique Clemente - madrid
León

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«Si la era Aznar ha terminado, con ello deben terminar los usos Aznar y los métodos Aznar, poner fin a la crispación y dar paso a la normalidad». De esta forma y con el objetivo de «normalizar la vida democrática», Zapatero retó ayer ante el Comité Federal del PSOE a Mariano Rajoy a celebrar una «cumbre inmediata» entre los dos grandes partidos y demostrar así el «cambio de talante» del que presume y ha tomando el mando del PP. El Gobierno y el Partido Popular rechazaron de inmediato la oferta del secretario general del PSOE. El portavoz gubernamental, Eduardo Zaplana, aseguró que Zapatero debería «normalizar primero su propio partido» y que su propuesta sólo trata de «acallar y tapar» sus problemas internos. Por su parte la coordinadora de Organización, Ana Mato, afirmó que «lo único sin normalizar es el Partido Socialista, que vive un caos profundo por la falta de liderazgo de Zapatero». El secretario general de los socialistas marcó las tres nuevas reglas de juego que debería cumplir Rajoy para cerrar una etapa que calificó de «anomalía democrática» y la «más radical» de la era constitucional. En primer lugar, dejar de utilizar en el debate partidista la unidad de España y su bandera. En segundo, garantizar el normal funcionamiento de las instituciones democráticas, como el Parlamento, la Fiscalía General y la televisión pública. A este respecto, citó como exigencias inexcusables la comparecencia de Aznar en el Congreso para informar sobre Irak, el cese de la «manipulación» de los medios públicos de la que responsabilizó también a Rajoy y la destitución de Jesús Cardenal. La tercera regla para la «normalización» sería la recuperación del consenso en política exterior, roto por el apoyo incondicional de Aznar a Bush en su guerra contra Irak. Zapatero recordó que Rajoy «no es nuevo» y que como ministro propició medidas como la congelación del sueldo de los funcionarios, «consintió» el incremento de la criminalidad y tachó de «nimiedad» la catástrofe del Prestige. «Es la continuidad», concluyó. Asimismo, hizo un repaso de lo que denominó «herencia nefasta del PP», caracterizada por el «menosprecio a los valores de la democracia». Con esta maniobra, que el PP rechazó poco después, los socialistas pretendían demostrar que el sucesor popular representa el mismo talante «intolerable» del presidente del Gobierno y su desprecio a los valores democráticos. El Comité Federal, máximo órgano de dirección del PSOE entre congresos, del que forman parte 249 miembros, aprobó una resolución en la que aboga por ofrecer al electorado un «cambio con firmeza» frente al «continuismo sin complejos» de Rajoy. Antes incluso de hacer este brindis al sol, el líder del PSOE había acusado a Rajoy de ofrecer la continuidad de las políticas de Aznar y le hizo «corresponsable» de la gestión de su gabinete. En su intervención ante el Comité Federal del PSOE, Rodríguez Zapatero hizo un repaso por el currículum de su rival por los ministerios que ha dirigido. En Administraciones Públicas, dijo, congeló los sueldos de los funcionarios; en Educación reformó la selectividad; en Interior no respondió al incremento de la inseguridad; en la Presidencia consideró una «nimiedad» la mayor catástrofe ecológica de España y avaló la política del Gobierno en la guerra de Irak. Dibujó un panorama negro de la política española que, alegó, vive en una «anomalía democrática» que él ha tratado de combatir en los últimos tres años, desde que fue nombrado secretario general de los socialistas. Para José Luis Rodríguez Zapatero, desde que el Gobierno de Aznar consiguió la mayoría absoluta en 2000, se ha comportado como un Ejecutivo «absolutista y radical» sin respeto «a nada ni a nadie» y las promesas de regeneración democrática de Aznar se han quedado «en nada».

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