OPINIÓN
El grito por la libertad
ESTE 11 de septiembre nos trae sentimientos, reflexiones y recuerdos contradictorios, pero con el grito por la libertad como mensaje de fondo. Hace dos años casi tres mil inocentes eran asesinados en los brutales atentados de USA, desgraciadamente utilizados después para reprimir todas las libertades y lanzar alguna guerra injusta. Nunca hubieran imaginado esos tres mil inocentes que su sacrificio sería manipulado para justificar muchas otras muertes y atropellos y para resucitar los más bajos instintos del neocolonialismo y del ultraconservadurismo, por calificar los hechos con palabras amables. Y hace treinta años el presidente de Chile, Salvador Allende, recibía el zarpazo de los militares fascistas, que acabaron también con todas las libertades y con la vida de unos cuatro mil quinientos ciudadanos, muchos bestialmente torturados. Tres décadas después, la memoria del presidente y de esos miles de compatriotas alcanza la gloria del patriotismo y del sacrificio por la libertad, mientras que el nombre del dictador Pinochet y sus secuaces se hunde en el infierno de las vergüenza. Este es un día para el dolor, el recuerdo, la generosidad y la reflexión. Reflexión sobre el intento de cambiar el mundo desde la locura terrorista -como muestra hoy mismo el asesinato de Anna Lindh, ministra sueca de Exteriores- y reflexión sobre el intento de cambiarlo desde la barbarie de la imposición, el miedo, la traición a las libertades y el chantaje con las víctimas. Este 11-S es el instante idóneo para la protesta universal contra todas las formas de barbarie, de intolerancia, de violencia, de aplastamiento de las libertades, de sometimiento de los pueblos. Es el día para el homenaje a los muertos de Nueva York y Washington, a Salvador Allende y sus miles de compatriotas asesinados y a todos los que vienen sufriendo, en cualquier parte del mundo, las consecuencias de la arbitrariedad, de la ofuscación y de los instintos de dominación de gobernantes autoritarios y vesánicos, algunos de ellos elegidos por cauces de democracia formal y otros con su poder derivado de la fuerza.