Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

¿Será el último Alderdi Eguna de Arzalluz? La pregunta rondaba en todos los corrillos que se formaron en la celebración del día del partido del PNV. El aludido no dio la menor pista. Xabier Arzalluz, antes de subir a la tribuna, preguntó a quien le inquirió «quién ha dicho que es mi último Alderdi Eguna». La sorpresa la dio el lendakari Juan José Ibarretxe que, contra todo pronóstico, aprovechó su intervención como telonero del líder nacionalista para tributarle un homenaje que tuvo todas las trazas de una despedida y que, por unos momentos, hizo que Arzalluz perdiera los papeles. La sucesión del presidente del partido que fundara Sabino Arana a finales del siglo XIX es, junto al plan Ibarretxe, el monotema entre los nacionalistas. Arzalluz no dice ni que sí ni que no a la reelección. En verano anunció que se iba, pero desde entonces no habla del tema ni cuando se le pregunta. Ibarretxe contribuyó este domingo a intentar aclarar el panorama con un agradecimiento a la tarea cumplida que despedía un inconfundible aroma a adiós. El presidente del Gobierno vasco al terminar su discurso quiso tener «un reconocimiento hacia una persona de la que he aprendido a apreciar la política, nuestro presidente del partido, Xabier Arzalluz». De él, «he aprendido muchas cosas en la vida y en la política», es «un estratega» de los que ya no quedan y ha derrochado «desvelos e inteligencia» para dirigir al PNV. «Le quiero reconocer su gran papel como líder del nacionalismo y quiero reivindicar su faceta personal», apuntó el jefe del Gobierno autónomo. Arzalluz, continuó Ibarretxe mientras el interpelado miraba silencioso y, en apariencia, incómodo, es «una gran persona» a la que quiso dar «el abrazo personal y el emocionado de miles y miles de vascos». El silencio en la gran campa de Foronda se cortaba con un cuchillo. «Quiero que sepas», agregó, «que para un vasco no hay cosa más importante en esta vida que le reconozcan en su casa, en su familia». «Te queremos Xabier», concluyó en medio de una atronadora ovación, no quedó claro si para el orador o para el despedido. Arzalluz encajó el golpe. «Te has pasado», «se supone que ahora debería llorar», pero «todos esos me han matado los sentimientos, me han endurecido y no tengo lágrimas para nada».

Cargando contenidos...