La depuración no llega
Partidos y ciudadanos encajaron el que constituye sin duda el mayor escándalo ocurrido en unas elecciones en España y el 64% de los electores acudieron disciplinadamente a las urnas
A sólo 24 horas de las elecciones resulta pertinente analizar la sorprendente tranquilidad con la que todos, ciudadanos y partidos políticos, parecen haber encajado el que constituye sin duda el mayor escándalo ocurrido en unas elecciones en España. Que más de un 64% de los electores acudieran disciplinadamente a las urnas tras haber sido ignorada la voluntad que expresaron en mayo dice mucho sobre el civismo de los madrileños, pero deja claro también que han renunciado a un voto de castigo a la clase política en general, que ha dado un espectáculo lamentable en esta crisis. El análisis que ayer realizaron las direcciones de los dos principales partidos lleva a la conclusión de que tampoco ellos encuentran motivos para la autocrítica y que lo mejor es pasar página. Como si no hubiera pasado nada. Desconcierta la naturalidad con la que Rodríguez Zapatero asume el hecho de haber perdido el Gobierno de una Comunidad Autónoma que gestiona un presupuesto de más de 2 billones de las antiguas pesetas y que tras la noche del 25 de mayo estaba en manos del PSOE. Los socialistas se han negado a asumir ninguna reponsabilidad por la inclusión de los tránsfugas Tamayo y Sáez en sus listas y los ciudadanos se lo han hecho pagar. Pero ni aún así parece haber entendido el mensaje el PSOE pues, lejos de cualquier autocrítica, hablan de «dulce derrota». Y eso, tras haber acrecentado de 200.000 a 260.000 la sima de votos que les separa del PP en Madrid. Es decir, no sólo no habrá dimisiones sino que la pérdida de dos escaños, los que han dado el triunfo al PP, se considera un éxito. Tampoco parece reflexionar el PSOE sobre otro hecho clave en estos comicios, como es que IU haya subido un punto en el porcentaje de voto, a costa exclusivamente de los socialistas. Se constata así otro hecho histórico que sólo Felipe González supo advertir en el PSOE. Cada vez que los socialistas se han presentado ante los ciudadanos de la mano de IU han salido perdiendo frente al PP y de paso han beneficiado a la coalición de izquierdas. Zapatero se encuentra ahora ante el dilema de dar un nuevo bandazo hacia el centro a cinco meses de los comicios o volver a asumir el riesgo de acudir a las generales de la mano de Llamazares. El PP parece tener prisa por pasar página sobre lo ocurrido. Se invita a «cerrar heridas», lo que suena a pacto de silencio sobre el tamayazo, y se considera natural que Esperanza Aguirre asuma una presidencia que los madrileños le negaron con su voto en mayo.