| Crónica política | Mensajes a móviles en la jornada de reflexión|
Futuro a cara o cruz
Ajustadas y difíciles están las cosas en Cataluña, a punto de iniciar una etapa que puede quedar más o menos igual si gobierna Maragall , o peor si Mas es apoyado por Esquerra

Joan Saura, el candidato a la Generalitar de ICV
Para cuatro de los cinco candidatos, la cara de la moneda es gobernar. Para el quinto, Josep Piqué, ya es cara con que no gobierne Pasqual Maragall. Cruz para Maragall, equivale a entierro político. Cruz para Más es calvario inmediato, crucifixión a medio plazo y muerte probable de su partido, aunque él sobreviva, en unos años. Cruz para Piqué es cuatro años de oposición como líder del cuarto partido catalán porque Esquerra Republicana, con Carod Rovira, ocupará la tercera posición decisoria hoy por la noche, aunque el PP suba, que subirá. Así de ajustadas, así de difíciles están las cosas en Cataluña hoy a punto de iniciar una etapa nueva que solo puede quedar más o menos igual, si Maragall gobierna aunque sea con Esquerra, o ir a peor si Mas gobierna con Esquerra rivalizando por ver quien se distancia más de España. Por si Carod Rovira tiene dudas, Ibarretxe ya le ha recomendado que, sobre todo, que se alie con Mas. Ajustadísimo A cara o cruz. Ajustadísimo. Cómo será la incertidumbre del resultado que la campaña prosiguió ayer sábado y seguramente hoy mismo con las urnas abiertas, con una marea de mensajes SMS promovidos espontáneamente por los votantes, por los partidos sería violar la ley electoral, con textos como éste: «Maragall President. No dejes de votar. Reenvia el mensaje». El resto hace lo mismo y las compañías telefónicas darán fe del inusual incremento de comunicaciones en Cataluña este fin de semana. Durante la campaña se ha vivido el estreno del telemárketing a gran escala, sin límite de presupuesto convergente. «Le llamo de parte de Artur Mas; él está ahora mismo visitando un hospital. Me gustaría trasladarle al futuro President su opinión o alguna petición si lo desea», decían los comunicantes telefónicos. Y horas más tarde les contestaban. «Me comenta Artur Mas a propósito de su interesante sugerencia...». Los socialistas trataron de improvisar algo así tarde y torpemente, como casi siempre que se meten en campaña desde que Almunia disolvió el formidable aparato que manejaba Alfonso Guerra. Con los números del área metropolitana de Barcelona hablaban directamente en castellano lo que suele molestar a los catalanistas si se les llama de parte de Maragall. Y acababan confesando, como confirma un empresario de Sabadell, que llamaban desde Madrid. Y Rodriguez Ibarra, entretanto, suspirando por la continuidad de Aznar para hacer frente a la crisis del Pais Vasco. Maragall y Zapatero se hartaron de pasar la bayeta. El hombre más poderoso de Cataluña hoy por la noche, Josep Lluis Carod Rovira, anuncia a este periódico que lo único que ha decido es «gobernar de una vez pero sin el PP y que no gobierne el PP en Madrid». Lo primero es probable, lo segundo ya es para nota: «Entre Santillana del Mar y Quintanilla de Onésimo no hay color ¿sabe?.» Cuando se le pregunta por la Cataluña de siempre y la inmigrante, a él que es hijo de zaragozano y de catalana, responde con un mensaje tranquilizador: «Los apellidos no determinan la catalanidad. Y si no fíjese en Milans del Bosch.» «Están nerviosos y acojonados. Sobre todo acojonados», escribe de los convergentes en La Vanguardia de ayer Gregorio Morán. Su «Sabatina intempestiva» concluye así: «Si esta especie de PRI mexicano que es CiU pasa de los 23 a los 27 años de dominio, no ocurrirá nada, salvo que seremos menos libres. ¿Es posible una sociedad democrática sin alternancia?» Un cuarto de siglo de Jordi Pujol, decano mundial de gobierno en democracia, ha sido excesivo pero nunca desestabilizador. Por eso añoraremos seguramente a Pujol, que fue realmente un hombre de estado al frente de un pequeño país sin estado. «Piense, comenta el todavía President, que nuestro caso es excepcional en Europa. Hay más gente que habla catalán que danés o noruego. Y tantos como sueco. Pero esa realidad no nos la tiene en cuenta la Unión Europea». Cuando se le pregunta por los cuatro presidentes de Gobierno con los que ha convivido expresa su preferencia por Suárez, reivindica a Calvo Sotelo, «metió a España en la OTAN y sentó a los militares golpistas en el banquillo», y marca las diferencias entre Aznar y González. «Con el primero empecé bien y ya ve como he terminado. Con Felipe empezamos muy mal y he terminado bien». A Pujol le dolerá Banca Catalana mientras viva. Su hijo Oriol, el único Pujol candidato en estas elecciones, echa la culpa de aquel desencuentro al entorno de Gonzalez, básicamente a Narcis Serra. «Si ellos se hubieran conocido bien antes de todo aquello, las cosas hubieran ido de otro modo.