Enseñanza, tercera edad y sanidad, las dedicaciones más antiguas
El 80% de las comunidades religiosas que trabajan en la provincia de León se dedican a lo que en el argot eclesiástico se conoce como «vida activa» por contraposición a la «contemplativa» o de clausura. Así, agustinos, carmelitas, capuchinos, salesianos, pastorinas, dominicas, jesuítas, maristas, etcétera, concentran su actividad en la enseñanza, la atención sanitaria o el cuidado de la tercera edad, unas veces como auxiliares y otras como gestoras de sus propios centros, lo que ha modificado no poco sus modos de vida: gran parte de los recursos que administran dependen de fondos estatales, lo que, al menos en parte, las convierte en empresas subcontratadas. Como tales las órdenes religiosas cotizan a Hacienda y la Seguridad Social, jubilan a sus propios empleados -no pocos de ellos laicos- y recaudan y pagan salarios por cuenta de las administraciones públicas: los de, por ejemplo, profesores o médicos contratados en centros de enseñanza u hospitales, se descuentan, pero el resto va a parar directamente a las arcas de cada orden religiosa para mantener terceros servicios u otras obras sociales, ya sea dentro o fuera de las fronteras del propio Estado.