La apertura de la A-66 deja sin vida a los pueblos de la Ruta de la Plata

Hosteleros, talleres, gasolineras y tiendas han perdido un 80% de sus ingresos y en los pueblos se habla de 200 despidos.

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Marco Romero - león
León

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Han pasado sólo unos días desde aquel 15 de diciembre -tres de la tarde en punto- en el que se abrió al tráfico la carretera de alta capacidad que ya ha convertido el tramo de la nacional 630 entre León y Benavente en una carretera muerta, prácticamente reservada para los pueblos de su trazado. Donde antes se daban más de cien comidas diarias, ahora no se sirven ni diez. Los aparcamientos de los restaurantes, durante años saturados de camiones, están hoy vacíos. Algunos bares todavía tienen listas docenas y docenas de juegos de café, como si esperaran una avalancha de clientes, pero los locales ya no son frecuentados. A los talleres mecánicos ya no llegan coches averiados y las gasolineras han dejado de surtir. Los proveedores, ante tal crisis, aparecen sólo de cuando en cuando. En definitiva, quienes vivían de la carretera están hoy al borde de la quiebra -los hosteleros aseguran haber perdido un 80% de su actividad- y se ven sometidos a un particular drama que les obligará, en muchos casos, a despedir a amigos y familiares de negocios en los que llevan trabajando toda su vida. En los pueblos coinciden en que los empleos en juego son más de 200 y ya se escuchan varias amenazas de cierre. Olegario Prieto Alonso regenta desde hace 27 años uno de los hostales más populares en la ruta de los transportistas, el San Miguel, en Villalobar. Tiene camas para medio centenar de personas. Antes, cuando en su aparcamiento había una media de 18 a 20 camiones cada día, estaban ocupadas. Pero ahora, no llegan clientes ni por asomo. De él dependen 16 empleados. «Esto se nos acaba» Prieto Alonso ha sido el primero, pero no el único, en quejarse por la inexistencia de señales dentro de la autovía que informen al conductor de los servicios que existen en cada salida, caso de los restaurantes, las estaciones de servicio y los hospedajes. Esta fue una de las alegaciones aceptadas pero no cumplidas por el Ministerio de Fomento, tramitada a través de la Cámara de Comercio de León. «Esto se nos acaba, y nadie había pensado en ello. Pienso que ante un proyecto así deberían tasar los negocios, expropiarlos o bien facilitar ayudas», explica a una hora en la que hace un mes sería imposible hablar tranquilamente con él en la barra del bar. «Antes era la carretera de la muerte y ahora es una carretera muerta», sentencia José Hererro, uno de sus empleados. «Muy mal, muy mal», es la primera reacción de José Sánchez, uno de los propietarios del mesón El Portico, un negocio familiar con restaurante y venta de embutidos situado en Cembranos, unos kilómetros antes del San Miguel. «En una semana hemos perdido un 80% del negocio, y eso que estamos cerca de León y del acceso a la autovía; peor lo tienen los pueblos que siguen hasta Benavente», afirma dentro de la barra, totalmente vacía. «Ya pensamos en otro trabajo» A lo peor, hasta aquí llegan algunos camioneros que salen del polígono industrial de Onzonilla. Pero o reacciona o no podrá seguir así mucho tiempo más. «Estamos pensando en adaptarlo, incluso en plantearnos otro tipo de negocio, porque de momento estamos salvando por la fábrica de embutidos, pero...», confiesa junto a su hermano Ramón. Aquí trabajan cuatro personas, además de la familia. Este era uno de los locales que daba de comer a técnicos de la autovía, muchos de ellos destinados a la obra de los túneles del AVE entre Asturias y León. Conducir hoy por la nacional 630 es hacerlo por una carretera casi vacía, con ciclistas, vecinos paseando sin miedo al tráfico y liberada de vehículos pesados. Otra de las paradas obligatorias es el Mesos Los Morales. No es de los más perjudicados, pero ha notado el cambio. Habla de unas pérdidas de entre el 40% y el 45%, sobre todo en bocadillos y raciones. Julián Morales, padre de los hermanos que llevan el mesón, recuerda cómo «zapateaban» los coches no hace mucho tiempo y las secuelas que todavía hoy padece su esposa de un brutal atropello ocurrido hace un año. Un bastón encima de la mesa donde se encuentra la anciana refuerza aún más su teoría de que ahora es todo mejor y hay más seguridad. Antigüedades a cero Quienes cerrarán en un par de meses el negocio son los hermanos Ramón y Jesús Ángel García, propietarios de una nave de venta de antigüedades ubicada en Villaquejida, junto a la carretera. Los gigantescos carteles que anuncian su negocio ya no sirven de nada. «Llevábamos aquí doce años y ya hemos decidido que nos vamos a otro sitio, más cerca de la autovía si puede ser. El 99% de nuestros clientes son gente que veía el sitio y paraba, y ahora nada de nada. Desde que abrieron la autovía no ha vuelto a entrar nadie», dice Ramón. «Y por aquí todo está igual. El del bar nos decía hace un rato que de los 50 a 70 desayunos que daba todos los días, ahora sólo da dos», añade para dar una idea de las traumáticas consecuencias que se están produciendo en los pueblos de este tramo de la nacional 630. El taller electromecánico de esta misma población también es otro afectado. «Antes entraban algo así como dos coches por semana, pero por lo que veo se acabó», manifiesta el propietario. «Pero la gente de por aquí está encantada porque nunca ha vivido con tanta tranquilidad», matiza. Y es que todo lo relativo a la vida en ruta se está estrellando. Y quizá el subsector más perjudicado de todos sea el de las estaciones de servicio. Hay once gasolineras contadas entre León y Benavente. Una ya ha cerrado, y otras se lo están pensando. «Este año ha sido muy atípico por el movimiento de las obras de la autovía, pero estos días hemos ganado la mitad de lo que ganábamos hace dos años por estas fechas», explica Manuel Becarés. Como todos los negocios que han salido tocados, los gasolineros también se quejan de la falta de señalización dentro de la carretera.

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