Diario de León

| Reportaje | Desde el planeta Tierra |

Mensajes alienígenas sin remite

Los avistamientos de fenómenos extraterrestres han sido comunes en la Montaña Oriental leonesa, donde se han visto desde ovnis hasta meteoritos de pequeña magnitud

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Marco Romero - león
León

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El cielo de la Montaña Oriental leonesa es pródigo en expedientes x y en el hallazgo de material cósmico procedente del sistema solar. Remotos pueblos como Reliegos, Villamondrín, Puente Almuhey y ahora algún punto inexacto del macizo cantábrico encierran misterios comunes que sólo tienen explicación en el lejano universo. El fenómeno más sorprendente estuvo hasta hace muy pocos años guardado celosamente en los archivos de la Inteligencia del Ejército del Aire bajo el sello de «confidencial». El Ministerio de Defensa lo ha desclasificado y ahora se sabe que el expediente contiene todos los detalles de tres avistamientos de ovnis ocurridos en Puente Almuhey entre el 24 de noviembre y el 10 de diciembre de 1968. Los doce folios que forman parte de esta docuemtnación recogen los testimonios de siete testigos que, por separado y sin relación alguna, observaron dos casos diferentes de fenómenos extraños en un paraje conocido como La Espina, una confluencia de colinas en el límite de León con Palencia. Los interrogatorios e investigaciones realizados por dos capitanes del Arma de Aviación concluyeron que, «sólo muy remotamente», los avistamientos podrían tener una explicación natural, descartando que se tratase «del ocaso de la Luna o de algún planeta». «Era de noche. Iba en coche con mi mujer cuando lo vimos ahí mismo. Era metálico y estaba posado en el suelo, silencioso. Salí del vehículo mientras mi mujer sólo pedía que nos fuéramos. Cuando arrancamos para marchar, el platillo, más grande que el coche, se iluminó y arrancó. Nos fuimos por miedo», declaraba a este periódico hace unos años uno de los testigos del avistamiento. El detonante de estos fenómenos fue una carta firmada por el jefe de la estación de ferrocarriles de La Robla con destino en Puente Almuhey y remitida al jefe del Sector Aéreo del Aeródromo Militar de León. En la misiva se comunicaba «la visión de un artefacto volante no identificado». El Mando Operativo Aéreo, tras ratificar las versiones de los testigos, cinco hombres y dos mujeres, inició las primeras investigaciones. Las experiencias vividas el 24 de noviembre coincidían en referirse a un objeto de forma circular, de dos metros de diámetro aproximadamente. Los testigos no escucharon ruido alguno, pero todos ellos vieron cómo el disco luminoso se descompuso en otros tres platillos idénticos, que después se regenararon en uno solo. Las observaciones del 8 y del 10 de diciembre aludían a la visión de una luz potente, entre blanca y amarilla, de pequeña dimensión, estacionada en el espacio, cuya distancia no pudieron precisar en la mayoría de los casos y a una altura que estimaban en unos 500 metros. «Dada la confusión que presenta la información y las discrepancias que se aprecian en las declaraciones de las personas que vieron estos objetos, no se puede determinar la naturaleza de los mismos», recoge una carta confidencial dirigida al teniente general jefe del Estado Mayor del Aire. El 25 de enero de 1969 Defensa dio por zanjado el caso. Tres décadas después, el ministerio ha permitido que estos datos salgan a la luz porque no atentan contra la seguridad del Estado. El «telar» de Reliegos También en Navidad, el día de los Santos Inocentes del año 1947, el pueblo de Reliegos creyó ver un ovni, «un telar que cayó allá por el camino de los peregrinos», recordaba recientemente una vecina. Pero era un meteorito y la piedra había cargado de misterio la vida en esta tranquila población. «No era hielo, era como un carburo que sonaba a metal. Tenía un color oscuro. ¡Nos ha jodido! Al venir el día, todo el pueblo se amotinó junto a aquella piedra que hacía psssh...», relataba el vecino Gabino Castro San Juan por lo que tantas veces había escuchado en boca de sus padres. El impacto del condrito de 8,9 kilos de peso tuvo lugar junto al carro de Ramira Santa María, al amanecer. Ella se estaba vistiendo en la habitación cuando oyó el tremendo ruido, que confundió con un avión. Pero el estruendo era cada vez mayor y decidió abrir la ventana de la cocina. Entonces vio cómo algo se golpeaba contra las paredes de las casas y el suelo de la calle Real. Las explosiones le hicieron gritar. Cuando todo estuvo más tranquilo, salió a la calle y vio lo que calificó como una «piedra ardiendo» a cinco metros y medio de su casa. Fue la primera vecina que vio el impacto; había provocado un agujero de 35 centímetros de profundidad. El párroco creía que se trataba de «un astro desprendido de la Tierra», mientras que el alcalde decidió guardar el meteorito en su casa hasta que lo puso en manos del Ejército del Aire. El Museo de Londres lo catalogó y ahora se ha convertido en una pieza de museo que se expone de forma itinerante en foros científicos. Todavía algunos, los menos, recuerdan como algo misterioso el hallazgo no hace muchos años de cierto material entonces desconocido que llevó a los vecinos de Villamondrín a pensar que se encontraban ante los restos de un ovni. La magia duró poco y, finalmente, las comprobaciones concluyeron que se trataba de piezas desprendidas de un globo aerostático que probablemente había sobrevolado esos días los montes cercanos al río Esla. Hoy, la magia está en las montañas de Picos de Europa. Muchos lo vieron, pero nadie lo ha encontrado. A veces el Espacio se resiste a mostrarnos su cara menos visible.

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