Diario de León

La nueva normativa sobre recursos cinegéticos obligará a crear mil empleos, sólo en guardería de cotos rurales

La temporada de caza generó este año 19 millones de euros para los pueblos

Más de 25.000 cazadores locales y 10.000 de fuera se disputan la riqueza cinegética de León

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Pedro Vizcay / A. Núñez - león
León

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La temporada anual de caza, que se cerró el pasado domingo para piezas menores ha dejado en la provincia unos ingresos no inferiores a 20 millones de euros (más de 3.000 millones de las antiguas pesetas) entre subastas de cotos, licencias y permisos, comercio de armas y equipamientos y estancias turísticas en áreas rurales, según los expertos. Las estimaciones más prudentes cifran en 750 euros la media de gasto de cada cazador, una cifra que se queda corta si el que llega a cazar procede de otras provincias, o busca piezas mayores como ciervos, gamos, corzos o jabalíes, cuyas monterías se extienden en periódicos intervalos a lo largo de todo el año. En la provincia de León hay actualmente en vigor unas 25.000 licencias de caza, a las que deben añadirse no menos de 10.000 más que llegan cada año de fuera, fundamentalmente de Galicia, Asturias y el Pais Vasco. La veda de caza menor volvió a cerrarse el pasado domingo, pero se mantiene abierta hasta febrero para el jabalí y el calendario abre paréntesis para piezas mayores durante todo el año. Hace una década el número de licencias de caza era más de un tercio superior a la actual, sobrepasando las 35.000, cifra que se ha reducido ahora drásticamente por dos razones: primero, la propia y progresiva despoblación de los nucleos rurales, con una población cada vez más envejecida que explotaba, además, sus propios cotos en régimen comunal; y, segundo, la desaparición de terrenos libres para quienes viven en las ciudades. Riqueza y tradición Es un hecho cierto que la actividad cinegética está fuertemente arraigada en la sociedad española y muy especialmente en León donde existen del orden de 25.000 licencias a las que habrían de sumarse los cazadores foráneos que acuden a cazar, no tanto en las magníficas reservas con que cuenta la provincia, como en los cotos privados. El futuro de la caza, lejos de peligrar, muestra aspectos positivos. Es una realidad que las comunidades autónomas, de las que depende directamente la actividad cinegética, crean a veces disfunciones para los cazadores en cuanto a los sistemas de protección y veda de las especies con legislaciones cada vez más restrictivas y periodos hábiles cada vez más cortos, pero también lo es que la legislación europea indirectamente la favorece. Los incentivos para el abandono de tierras, reforestación de las mismas y las prácticas agrarias ecológicas están propiciando el incremento de la caza mayor en áreas cada vez más amplias. En los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno que si bien es preocupante incide directamente en las especies de caza mayor, las que mayores recursos económicos generan. A la caída en picado de las especies menores como la perdiz, la liebre o el conejo de monte, especialmente en las zonas de montaña o media montaña, se ha unido un incremento sustancial de las especies mayores como el jabalí, el corzo e incluso el lobo Este último, que estuvo al borde de la extinción, resulta de enorme valor por su rareza y la dificultad que entraña su caza desde el punto de vista del cazador coleccionista. Paradógicamente el precio que un cazador puede pagar por un lobo garantiza su supervivencia. El abandono de las prácticas agrarias en estas áreas y la reducción del pastoreo han permitido que el monte ocupe las antiguas tierras de labor y que el habitat de estas especies se incremente de forma notable. Pero también las zonas llanas han sufrido un importante cambio: la extensión del cultivo de maíz está incidiendo de forma positiva en las poblaciones de jabalí y de zorro, antaño protegido, que ahora llega hasta las parameras, algo sin precedentes desde hace muchas décadas y cuya caza se autoriza sin ningún problema.

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