Diario de León

Germán Fernández García (IU): El niño malo de Carabanchel Alto

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Marco Romero - león
León

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Forma parte de ese pequeño grupo de camaradas que se releva día y noche para cuidar la entrada de la casa de Santiago Carrillo, justo después de que el líder comunista fuese detenido cuando regresaba de Francia disfrazado con una peluca. Es aún un bisoño en la clandestinidad de Carabanchel Alto, castizo barrio en el que se instalan sus padres recién llegados de León. Allí pasa su niñez y allí contacta con el Partido Comunista a través de un grupo de vecinos. Acude con ellos a citas ilegales, lo que le da cancha suficiente para no tener que pasar por las juventudes del partido, aun siendo menor de edad. En esta época, plena transición democráctica, es nombrado secretario de organización de la Agrupación del PC en la popular barriada madrileña, tiempos en los que se pasa un día detenido y otro también. Sus influencias entre la plantilla comunista, llegado el momento de la fundación de Comisiones Obreras, le permiten entrar en el debate que posibilitó la conversión de este movimiento en una fuerza sindical. Quiere, pero no puede, estudiar Bellas Artes en la Escuela de San Fernando. Luego cumple la mili y, tras aprobar unas oposiciones de guarda forestal y esperar durante dos años en el limbo a que decidiesen su destino, finalmente acaba en la población berciana de Santalla. Aquí forma un grupo de música tradicional, Los trovadores de Santalla, con el que gana unos duros cantando en bodas y reuniones. Tras unos años de paréntesis político se traslada a Boñar, donde retoma el activismo. El partido en el que ha militado le recluta de nuevo para llevar la campaña del candidato a la Alcaldía de la población montañesa. Ni siquiera va en la lista. La primera vez que se presenta como candidato a concejal lo tiene que hacer por una agrupación independiente porque un error burocrático retrasa sus avales. Pero logra un sillón en el Pleno de Boñar. Desde entonces se convierte en el azote de Celia Reguero, la alcaldesa que ha mantenido hasta hace un año la hegemonía en la zona. Su suegra dice que aquí, en Boñar, Germán «empezó a estudiar para alcalde». Entre 1995 y 1999 fue uno de los dos diputados de IU en la institución provincial de León, donde ya se ha podido conocer más notoriamente su perfil político y personal, que ha ampliado con la coordinación provincial desde el 2002. Al contrario del político convencional, el hábitat de Germán Fernández García (Sariegos, 1958) está compuesto por los más diversos ecosistemas. Su casa, una auténtica biblioteca, está abierta a todos -mantiene y procura educación a dos jóvenes saharauis, además de a sus dos hijos, y hasta no hace mucho se hacía cargo de un anciano que apenas conocía- y está totalmente rodeada de animales: caballos, gallos, gallinas, perros, patos, conejos, gatos y hasta cabras. Se derrite por una menestra y no es nada extraño que se pierda una tarde en el monte cogiendo setas, una de sus muchas aficiones. También es un gran lector de novela histórica. Su última adquisición ha sido la Enciclopedia de España escrita por Ramón Menéndez Pidal, ya descatalogada. Cocina muy bien. De hecho, los conocimientos culinarios de su mujer, a quien conoció a los 16 años, son suyos. Le encanta la carpintería -no es raro que saque su pronto cuando le descolocan las herramientas- y terminar aquello que empieza. Tosco en apariencia, Germán es más visceral que cerebral, una actitud reprochable en política. Su mayor defecto es que se molesta cuando los demás no tienen la misma capacidad de ilusión que él cuando se emprende un proyecto. Quienes le conocen saben que es un trabajador infatigable y generoso hasta el punto de pagarse las dietas y la gasolina todos los días de su bolsillo. Comprometido, una gran persona, ingenioso, irónico, sencillo e inteligente son algunos de los calificativos utilizados por las personas de su entorno. Es lo que se dice un hombre polifacético, como los del Renacimiento.

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