| Análisis | ¿Quién está detrás? |
Las pistas conducen al Magreb
Varios expertos ya advertían que la trama islámica podría pasar por Marruecos, donde ya se han producido ataques contra intereses españoles
La Casa de España en Casablanca quedó seriamente dañada tras el atentado
«El hecho de que no haya suicidas no excluye que el atentado sea islamista, ni siquiera excluye a Al Qaida. Este grupo ya ha llevado a cabo acciones en las que no ha utilizado suicidas. Segura-mente se trató de activistas del Magreb, no de Oriente Medio, y en países como Marruecos el martirio no es una idea tan extendida como lo pueda ser en Pa-lestina». Estas palabras a La Voz de Claude Moniquet el viernes por la tarde resul-taron premonitorias de las detenciones de ayer. Para el experto francés ésta era la hipótesis más plausible por la sencilla razón de que ya se han detenido activistas de estos países en España y porque, además, pueden pa-sar más desapercibidos que sus correligionarios de otras partes del mundo árabe. Los grupos integristas con base en Marruecos tienen además un precedente muy claro de ataque contra intere-ses españoles. Los atentados de Casablanca del 16 de mayo que acabaron con la vida de 43 personas (cuatro de ellas españolas), fueron dirigidos contra la Casa de España. Aquella acción fue reivindi-cada por el grupo Assirat Al Mustaqim (El Camino Recto). Uno de sus integrantes, al ser detenido, advirtió que su organización tenía bases en territorio español. La nueva Al Qaida Casablanca sirvió a los inves-tigadores para conocer cómo funciona la nueva Al Qaida y puede apuntar alguna luz sobre la verdadera implica-ción de la organización de Bin Laden en los atentados de Madrid. Sometida a una caza mundial, Al Qaida ha cambiado de estrategia. Se ha descentralizado hasta convertirse en una alianza de células autónomas que no reciben más que un apoyo limitado de la dirección. «Al Qaida como ideología es aho-ra más fuerte que como orga-nización», apuntaba Mustafá Alani, del Instituto Real para Estudios de Seguridad y De-fensa del Reino Unido. En aquel atentado se reclutaron suicidas en las calles de Marruecos, pero la preparación de explosivos corrió a cargo de activistas que habían sido entrenados en Afganistán. A los mártires se les comunicó el objetivo solamente la noche anterior y sólo se les pidió que apre-taran el botón. Los forenses descubrie-ron que cada suicida sostenía en la derecha un botón que detonaba el explosivo que llevaba a la espalda. En la iz-quierda el detonador del que llevaba alguno de sus compañeros.