Diario de León

La crucifixión más real se revive en Filipinas Managua castiga al Judas encadenado Serbios movidos por la ortodoxia En el cerro de Lima Ecuador en miniatura Pólvora, sangre y dolor en México

BULLIT MÁRQUEZ

BULLIT MÁRQUEZ

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León

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Se llama Alexis Dionisio, tiene 27 años y es filipino. Más que representando, está viviendo en su propia carne el dolor de una crucifixión, la que protagoniza ante cientos de personas en memoria de Jesucristo. Dos clavos sostendrán sus pies en una gran cruz que permanecerá durante horas en una plaza pública, después de que ha sido trasladada a cuestas por el joven. Esta recreación del momento más doloroso de la Semana Santa tuvo lugar el pasado viernes en la provincia de Bulacán, al norte de Manila. Alexis Dionisio simboliza algo más que el sufrimiento físico. Los católicos nicaragüenses arrastran con pesadas cadenas a un promesante que representa a Judas en la ciudad de Masatepe, a 42 kilómetros al sur de Managua (Nicaragua), como parte de la Procesión de las Cadenas dentro de las actividades desarrolladas el pasado Viernes Santo. Se trata de una tradición ancestral, en la que se castiga la traición. Son los niños los que más se divierten con esta celebración. La representación del via crucis y muerte de Cristo se realiza también cada año, el día de Viernes Santo, en Lima, Perú. Se hace en el conocido cerro de San Esteban del distrito limeño del Rimac. Miles de personas se arremolinan en torno al crucificado. Los penitentes ecuatorianos participan cada Viernes Santo en la procesión de Jesús del Gran Poder, en Quito. Este cortejo, que es una tradición desde 1965, congregó en el centro histórico a 200 sacerdotes y más de 15.000 fieles, muchos de ellos con miniaturas e imágenes de sus seres queridos. La quema del Judas de cartón piedra, a la derecha, se instituyó en México para celebrar la resurrección de Jesucristo. A pesar de ser el acto más popular, las imágenes más duras las han ofrecido los varones flagelados de Taxco, también en México. Su penitencia acaba con el traslado de una pesada cruz de madera, siempre con capucha para guardar su identidad. También es reseñable la representación de la Pasión en Acanceh, a la derecha. Un patriarca serbio de la iglesia ortodoxa participa en un ritual celebrado en un monasterio de Belgrado. Habitualmente, esta ceremonia suele coincidir con la celebración de la Semana Santa cristiana, como ha ocurrido este año, aunque no es así siempre. La austeridad de esta festividad invita a un recogimiento equivalente al que favorece la Pasión católica.

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