| Análisis | Balance de cuatro años |
Una relación que pasó del frío al hielo
Aznar siempre trató a Zapatero con desdén, quien se hartó con Irak
Aznar no ha mantenido buenas relaciones con ninguno de los cuatro líderes del PSOE que se han sucedido en sus ocho años de Gobierno: ni con González, ni con Almunia, ni con Borrell, ni con Zapatero. El presidente en funciones y su antecesor se profesaron, y aún se profesan, una aversión mutua, a veces parecida al odio personal. Directamente no se soportan, tienen fijación el uno con el otro. Con Zapatero ha sido diferente. Aznar le ha tratado con desprecio, con un absoluto desdén, desde una pretendida superioridad. Hasta tal punto que en la campaña electoral dijo que era «el más insolvente de los cuatro líderes y medio que ha conocido el PSOE desde 1996». Nada más ser elegido contra todo pronóstico secretario general del PSOE en julio del 2000 Aznar le llamó a La Moncloa. Puro protocolo y frialdad. La apuesta de Zapatero por una «oposición tranquila» y su disposición a consensuar temas de Estado, que se plasmó en los pactos contra el Terrorismo y por la Justicia podrían haber inaugurado una nueva etapa de mayor proximidad. Nuevo error. Aznar delegó en Rajoy y Arenas la comunicación con el líder socialista. El apoyo de Aznar a la guerra marcó un punto de inflexión en su relación. El presidente lanzó todo tipo de descalificaciones contra su adversario: demagogo, desleal, inconsistente, mezcló su apellido con el del líder de IU (Zapatares y Llamazero) para denunciar la «coalición socialcomunista» y le acusó de ser un «riesgo» para España. Zapatero le tildó de autoritario y cobarde, y dijo que había engañado a los españoles y se había sometido a Bush. El cruce de cartas final a cuenta de Irak era la muestra de un desencuentro.