Un hogar fuera del psiquiátrico
Una veintena de enfermos mentales dados de alta en psiquiátricos o que no encuentran plaza en centros públicos son atendidos en una residencia privada de mayores

Es la hora de la comida; un residente es acompañado al comedor
El lema del hogar San Carlos-San Francisco se puede leer, enmarcado, en el despacho de su directora: «Curar a veces, aliviar con frecuencia y consolar siempre». Esta residencia de la tercera edad de Cuadros, con vistas al valle del Bernesga, cuenta desde hace año y medio con una unidad para discapacitados físicos, psíquicos y mentales cuyas 18 plazas están separadas de las 24 destinadas a personas mayores. Enfermos mentales dados de alta en Santa Isabel de León, como Quico y Quica, en San Juan de Dios, de Palencia, como José Luis o que no son admitidos en ningún dispositivo de la red de atención psiquiátrica, como David, son algunos de los usuarios de la nueva planta levantada sobre el edificio que hace ocho años funciona como residencia de la tercera edad. También vive aquí Merche, una mujer que fue casi literalmente rescatada de su casa, en un pueblo de la montaña oriental por la Fundación Tutelar Feclem. Víctima del síndrome de Diógenes -quienes lo sufren se aislan socialmente, descuidan su higiene y pueden llegar a acumular grandes cantidades de basura- ahora disfruta de la compañía de los otros residentes y participa en las sesiones de musicoterapia y relajación, e incluso en las actividades manuales que se organizan en el centro a partir de las 11 de la mañana. Crónicos residuales La edad de las personas con enfermedad mental acogidas en el hogar residencia va desde los 24 años de David a los 64 y 65 de Quico y Quica, los más veteranos. «Son enfermos crónicos residuales, que tienen muy estabilizada su patología, pero necesitan estar atendidos por alguien, no son autónomos», precisa la directora, Rosa Pellitero, quien reconoce que la falta de recursos fuera del hospital Santa Isabel ha obligado a recurrir a centros como el suyo. La entidad tutelar de los enfermos mentales Feclem es la principal usuaria de sus plazas. Un psiquiatra, el doctor Velilla, visita dos veces a la semana la unidad y cuentan también con los servicios de la fisioterapeuta. Por las mañanas, las actividades están dirigidas por un psicopedagogo, Ángel Ferrero, cuyo trabajo se centra en potenciar sus capacidades psicológicas para que «se sientan bien» y en mantener activas sus habilidades motrices para evitar al máximo su deterioro. Integración frente a desarraigo «Trabajamos la integración para que no sientan desarraigo. Queremos que sientan esto como su propia casa y aquí nosotros somos su familia», precisa Pedro Antonio, el monitor de David. Darles protagonismo y hacer que se sientan valorados son dos factores prioritarios en la organización: «El que está un poco mejor ayuda a los demás», explica. Ellos se limitan a decir que están bien. Y siguen a lo suyo. José Luis -que asegura que ha escrito un libro, Léeme, no me tires - habla con frecuencia de parapsicología y esoterismo; Quico apenas oye y Quica dice que ya no reconoce el barrio en el que nació, Santa Ana, porque «sólo queda la iglesia y la fuente». Pero ella no para. Barre, pone la mesa y está impecable, sonriente. Por las tardes sale al pueblo y acompaña a alguna persona mayor. «No se sienten en un ghetto», señalan los empleados. La directora de la residencia lo refrenda: «Los mayores no les rechazan; qué va, si supieras cómo les quieren y lo que les ayudan ellos», matiza. Los tutelados reciben todas las semanas la visita de una persona de la fundación que está al tanto de sus necesidades, de sus gustos y de todas las fechas importantes de su vida. La acción tutelar, según datos de Feclem, se distribuye en un 70% en atención personal y gestión de servicios sociales, un 20% de aspectos jurídicos y un 10% de administración y economía. El 40%, en centros privados El grueso de las personas tuteladas por esta fundación de ámbito regional -de las 90 formalizadas, 33 son de León- tienen entre de 40 a 60 años aunque también tienen ancianos. En cuanto a su lugar de residencia, menos del 40% están en un psiquiátrico público, años en el caso de los hombres, el 13% viven solos, el 17%, con tendencia al alza, están en centros residenciales privados y el 13% en centros psiquiátricos privados, según los últimos datos de Feclem. La mayoría de los tutelados son de sexo masculino.