Diario de León

Presentará hoy una propuesta en el Congreso para reformar el reglamento de la cámara

Rajoy pide un debate semanal con Zapatero que dure quince minutos

Alerta de que España se convierta en el «monaguillo» en Europa de Francia y Alemania

Mayor y Rajoy, ayer, en Valladolid durante un mitin en el que el público echó de menos a Aznar

Mayor y Rajoy, ayer, en Valladolid durante un mitin en el que el público echó de menos a Aznar

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Paula de las Heras - madrid
León

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El Partido Popular se ha propuesto demostrar que, aun desde la oposición, es capaz de llevar la iniciativa política. Mariano Rajoy anunció ayer en Valladolid que su partido presentará este lunes en el Congreso una propuesta para la reforma del reglamento del Congreso; una reforma que lleva paralizada casi doce años y que el presidente de la institución, el socialista Manuel Marín, pretende sacar adelante en una comisión creada a tal efecto, antes de que acabe el año. Lejos de esperar a que arranquen las negociaciones entre todos los grupos parlamentario, en una primera reunión prevista para esta semana, el secretario general del PP lanzó en plena campaña de las europeas un órdago a José Luis Rodríguez Zapatero con la intención de poner a prueba su «talante». La propuesta, según dijo Rajoy, tendrá como eje la introducción en las sesiones de control al Gobierno de un cara a cara de quince minutos entre el jefe del Ejecutivo y el de la oposición, «en lugar de los dos minutos y medio a la semana de ahora». El líder de los «populares», amigo de los debates parlamentarios, argumentó que eso le ayudará a ejercer su función opositora que le ha sido encomendada de la manera «seria y divertida» en la que aseguró que desea hacerlo. Pero, sobre todo, le permitirá llevar al Parlamento con mayor protagonismo críticas como las que vertió en el último mitin electoral contra el gabinete socialista, referidas a su supuesta actitud dialogante y la falta de coordinación entre los distintos ministerios. Condecoración «Hasta ahora -denunció- el Gobierno ha hecho dos cosas y media: ratificar una decisión que adoptó su presidente a las 24 horas de tomar posesión; derogar mediante decreto la ley de calidad de la Educación que aprobó en su día el PP y condecorar al señor Bono». «No es que me oponga -aseguró- pero ¿qué hubiera sucedido si el PP hubiera condecorado a un miembro del Gobierno que se sienta en el propio Consejo de Ministros que le condecora?» Tras el reproche al talante, Rajoy arremetió contra la falta de comunicación interna en La Moncloa con un chascarrillo irónico. «Voy a felicitar al Gobierno -dijo- porque por fin veo una noticia razonable: «Zapatero pide a sus ministros que dosifiquen los anuncios y se centren en preparar los anuncios de 2005, es decir, que fijen un calendario de prioridades y no anuncien iniciativas importantes para evitar que tengan que ser rectificadas a continuación como ha ocurrido hasta ahora». Aseguró que no quiere una España «monaguillo de nadie» en la Unión Europea, por lo que advirtió al PSOE de que, si en la negociación sobre el reparto de poder «pretende ceder a los intereses de dos (Alemania y Francia), tendrá en contra al PP». Para ilustrar su argumento, el líder de los «populares» recurrió a las negociaciones sobre la Constitución europea y el reparto de poder que en ella debe quedar definido. «España -advirtió- tiene derecho a tener exactamente el mismo poder que tuvo en Niza, con una acuerdo alcanzado por el Gobierno del Partido Popular». «No estamos todos, falta José Mari» Rápido eco entre el sector más joven del público asistente al acto (el primero de toda la campaña en el que hubo más de veinte personas menores de cuarenta años).

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