Ni el belga Verhofstadt, ni el británico Patten lograron el apoyo de 17 de los países miembros
Los Veinticinco aplazan el relevo de Romano Prodi tras una agria discusión
El suspense sobre el nuevo presidente de la Comisión Europea podría mantenerse varias semanas
El suspense continuará todavía unos días, o quizás semanas. La agria discusión en la que se enzarzaron los líderes comunitarios sobre la persona que deberá sustituir a Romano Prodi al frente de la Comisión Europea, a punto estuvo de hacer fracasar ayer en Bruselas el proyecto de Constitución, salvado finalmente de la quema después de que se separase la negociación de ambos asuntos. El primer ministro belga, el liberal Guy Verhofstadt, y el comisario de Relaciones Exteriores, el conservador británico Chris Patten, eran a priori los candidatos mejor situados para tomar el relevo en Bruselas. Uno, porque venía avalado por Francia y Alemania; el segun-do, porque era la opción de los populares de la Eurocámara para neutralizar a Verhofstadt y, además, se ganaba el apoyo de los países que intervinieron en la guerra de Irak, como el Reino Unido, Italia, Polonia o Dinamarca. Al final, ni uno ni otro logró ser apoyado por un mínimo de 17 de los 25 países que componen la Unión. Así lo anunciaba el presidente de turno del Consejo, el irlandés Bertie Ahern, que ayer al mediodía ya no excluía que la solución definitiva se tomase «cualquier otro día». Tensión palpable Otras delegaciones, en cambio, daban fe de la tensión que se vivió en la cena a puerta cerrada celebrada por los jefes de Estado y de Gobierno en la noche del jueves. «Fue una cena tensa, dejó una sensación muy negativa y muy pesimista», según manifestó una fuente española, mientras al primer ministro británico, Tony Blair, no le dolieron prendas en calificar la discusión de «sangrienta y fea». Durante todo el día de ayer se pensó en la solución de un tercer candidato sorpresa para sustituir a Il professore, pero ninguno de ellos lograba abrirse camino. Entre los mejor situados parecían estar el ex comisario y ministro francés de Exteriores, Michel Barnier, así como el jefe de la diplomacia comunitaria, el español Javier Solana. Pero el primero porque es francés -y por tanto suscita recelos en Londres- y el segundo porque Madrid prefiere tenerlo en el puesto que ocupa ahora, no llegaron a consolidarse como opciones. «Estamos en una verdadera crisis», estimó ayer el eurodiputado alemán Elmark Brok, un democristiano que llegó a admitir que Patten, su propio candidato, estaba ya fuera de juego. Tanto es así que llegó a evocar una solución de compromiso en torno al primer ministro portugués, Durao Barroso, pues cumple el requisito de que su país está en el euro, habla francés y pertenece a la familia del centroderecha, al igual que la mayoría de la Eurocámara que ha de ratificarlo, si bien algunos no perdonan que estuviese en la foto de las Azores. El único candidato que ayer parecía capaz de reunir una mayoría era el conservador luxemburgués Jean-Claude Juncker, autoexcluido para el puesto debido a que fue reelegido como primer ministro de su país hace tan solo una semana.