El texto del Tratado refuerza el poder de Alemania en el seno europeo y reequilibra al resto de los Estados miembros
La UE aprueba su primera Carta Magna tras una intensa negociación
La revuelta de trece países pequeños demoró el compromiso final de los Veinticinco
Los nueve meses de Conferencia Intergubernamental (CIG) concluyeron ayer en Bruselas con el parto de la primera Constitución en la historia de la Unión Europea (UE). Tras unas intensas negociaciones, los jefes de Estado y de Gobierno de los Veinticinco alcanzaron un acuerdo en torno a un texto que establece un delicado reparto del poder entre los grandes y los pequeños países, así como entre la vieja Europa, representada por Francia y Alemania, y el nuevo continente surgido de las cenizas del comunismo. Este sutil equilibrio se sustenta en alguna que otra solución a la carta, ideadas para contentar a los países más reticentes, y en el mágico sistema de la doble mayoría que se utilizará para aprobar las decisiones en el Consejo de Ministros de la UE, y que provocó el fracaso de la Constitución el pasado mes de diciembre. El funcionamiento de este sistema reforzará el poder de Alemania, por ser el país más poblado, pues para que una decisión pueda ser aprobada necesitará estar avalada por un 55% de los países y que representen al menos 65% de la población. Peso limitado España, que hasta ahora goza de una capacidad de influencia en el Consejo casi similar a la de Alemania, verá más limitado su peso, de igual forma que se revisará el poder de los demás estados miembros. Aun así, Rodríguez Zapatero vio como prosperaba su única condición para subirse al carro del nuevo modelo: que una alianza formada por tres países no pueda nunca bloquear una decisión, una medida que intenta prevenir la creación de un directorio de los grandes países para tutelar la Unión. Más delicado para algunos socios, sobre todo los pequeños, fue estampar su firma a un compromiso impulsado por la presidencia irlandesa para reducir la talla de la Comisión Europea, que a partir del año 2014 dispondrá únicamente de 18 comisarios, en vez de los 25 actuales, con lo que se rompe la regla de que cada país debe tener al menos un representante en Bruselas. Aun así, la letra pequeña del acuerdo especifica que ningún país podrá estar más de cinco años seguidos sin tener comisario. Una vez que se cerró esta parte del acuerdo, trece países medianos y pequeños, capitaneados por Austria y la República Checa, hicieron una demostración de fuerza para intentar recuperar por otras vías la influencia que sin duda iba a perder en la Comisión. Socios como Portugal, Finlandia, Chipre, Eslovenia y los bálticos mantuvieron bloqueadas durante varias horas las conversaciones para reclamar que la doble mayoría se fijase en el umbral del 60% de países y en el 65% de población, lo que les llevaría a aumentar ligeramente su poder de decisión. La presidencia, apoyada en los grandes países y en los seis fundadores, apaciguó la rebelión dándole garantías al grupo de los trece de que una doble mayoría del 55% de Estados deberá contar con al menos quince países. El truco es que, cuando Bulgaria, Rumanía y Croacia ingresen en la UE, esos quince países serán matemáticamente, el 55%.