Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

La entrega de la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo a Victoriano Crémer se vistió ayer de acontecimiento solemne. A la Subdelegación del Gobierno acudieron todas las autoridades, tanto civiles como militares, de la provincia; además de representantes de todos los medios de comunicación y de las instituciones políticas, sociales y económicas de la provincia. No faltó nadie. En la mesa presidencial, el alcalde de León, Francisco Fernández; la secretaria de Estado de Asuntos Sociales, Amparo Valcarce; el delegado del Gobierno en Castilla y León, Miguel Alejo y el consejero de Fomento y Portavoz de la Junta de Castilla y León, el también leonés Antonio Silván. Autoridades y amigos, además de los hijos del escritor, conmovidos ante la emoción que expresaba el homenajeado, y que siguieron el acto desde un muy discreto segundo plano, al final de una sala abarrotada de gente. Crémer repasó nervioso el discurso preparado: «Es curioso que me sienta así, dijo, como si fuera mi bautismo de sangre», cuando el escritor y periodista está más que acostumbrado a hablar en público y a recibir galardones. Quizá porque el acto de entrega de la medalla fue mucho más que un momento de reconocimiento, fue una demostración de cariño y de admiración hacia la obra del poeta, la trayectoria del hombre íntegro y el espíritu despierto e inquieto del periodista socarrón. El autor fue exquisito y correcto con las autoridades. Agradeció la medalla y la distinción y se consideró honrado con ella. Más tarde, en declaraciones a los periodistas, recuperó la ironía habitual en él para volver a la carga con su teoría sobre los nombramientos honoríficos. «Los homenajes me parecen muy bien, dijo, pero sería mejor que en vez de estas cosas que satisfacen fueran homenajes económicamente abastecidos, porque salir con las manos en los bolsos...». Bromeó, aunque dijo sentirse orgulloso y agradecido. «Pero sería mejor si me regalaran un piso». Victoriano Crémer afirmó no querer ni poder jubilarse como poeta, «como tampoco se jubilan los curas»; y se mostró dispuesto a seguir trabajando, porque «la jubilación es un mal paso que da el ser humano cuando no tiene nada que hacer».

Cargando contenidos...