Análisis: La amargura de la derrota
Los populares se sienten frustrados porque no han podido demostrar la vinculación de ETA ni la supuesta conspiración político-mediática para derribar al PP del Gobierno
¿Por qué el PP reaccionó ayer con tanta dureza? Porque es plenamente consciente de que no va a poder demostrar sus teorías sobre lo que pasó entre el 11 y el 14 de marzo. Y, además, se ha visto obligado a admitir a regañadientes (como el PSOE) que declare Aznar, algo que sus dirigentes no querían. Entre otras cosas, porque nunca se sabe si una intervención de ese calado puede salir bien o mal y, también, porque va a restar protagonismo a Rajoy en el momento en que más lo necesita para afianzar su liderazgo. Además, los populares no han logrado que comparezca Zapatero, lo que habría igualado el marcador. Un punto crucial de la estrategia del PP ha consistido en buscar la vinculación de ETA con los atentados. El propio ex ministro de Interior, Ángel Acebes, instó a investigar cuál es «el alcance real de su sombra». Sin embargo, de los trabajos de la comisión no ha salido un solo dato que vaya en esa dirección. De momento, no hay una sola prueba de la conexión etarra en el 11-M, por mucho que un diario muy próximo al anterior Gobierno haga todas las piruetas posibles para magnificar unos cuantos detalles circunstanciales. Esto ha creado frustración en los populares, que sin embargo están dispuestos a seguir en esa línea hasta el final de la comisión. Otro elemento clave para el PP es demostrar que hubo una conspiración político-mediática, encabezada por Rubalcaba con la Cadena Ser como punta de lanza, para derribar al Gobierno. Al no ser admitidas sus demandas de que comparezcan varios dirigentes socialistas y responsables de medios de comunicación, estima imposible que se aclare. Es otro motivo de enfado. Por último, el rechazo a que declaren los confidentes Zouhier y Suárez Trashorras es otro duro golpe. Sobre todo la ausencia del primero, que ha multiplicado sus declaraciones, siempre al diario ya mencionado, diciendo que había avisado de que se iba a cometer el atentado, lo que ha dado origen a especulaciones sobre si a alguien le interesaba que se produjera para que el PP perdiera el poder. Si declarara sembraría nuevas dudas que beneficiarían al PP. El problema es su escasa credibilidad y su im-putación como colaborador con banda armada. Ante este panorama, los populares han preferido romper la baraja, sabedores de que sus cartas son perdedoras en todos los envites y de que se va a censurar a su Gobierno.