La Guardia Civil dice que la trama asturiana de explosivos es un bulo
La Guardia Civil de Asturias decidió aparcar en septiembre de 2003 la investigación sobre la supuesta trama de venta de explosivos en el Principado porque llegó a la conclusión de que las informaciones de sus confidentes sobre la existencia de 150 kilos de goma dos a la espera de comprador en el 'mercado negro' eran falsas. Es más, mandos del instituto armado reconocieron hoy, ante la comisión parlamentaria del 11-M, que ni siquiera se molestaron en reforzar la seguridad de la mina Conchita, la explotación de la que se sustrajeron los explosivos que se usaron en la masacre de Madrid. El teniente coronel Fernando Aldea, entonces jefe de la Comandancia de Oviedo, defendió a capa y espada el trabajo de sus subordinados en la operación abierta en 2003 tras las denuncias de varios confidentes sobre la existencia de una red de venta de explosivos. Explicó que durante varios meses sus agentes siguieron al ex minero Emilio Suárez Trashorras y a su cuñado, Antonio Toro, después de que el «soplón» Rafá Zouhier asegurara en febrero del 2003 a la Unidad Central Operativa (UCO) que los asturianos buscaban compradores para 150 kilos de explosivos que tenían en su poder. Es más, Aldea reconoció que por aquellas fechas otros dos informadores de la Guardia Civil de Oviedo -un preso de Villabona- y de Gijón -el propietario de un prostíbulo- señalaron a Suárez y a Toro. El teniente coronel y su inmediato superior, el general Pedro Laguna, entonces comandante de la zona de Asturias, aseguraron que, sin embargo, no se encontró nada pese a los seguimientos, los «pinchazos» telefónicos y la búsqueda del supuesto zulo que escondía los explosivos. En septiembre de 2003, coincidieron ambos mandos, se decidió dejar «durmiente» la indagación al no encontrar indicios que implicaran a los dos sospechosos, y después de que la UCO tampoco aportara datos adicionales y se desentendiera del tema. El jefe de la Comandancia de Oviedo desveló en el Congreso que la Guardia Civil llegó entonces al convencimiento de que la goma dos no existía y de que se trataba de un bulo sembrado y extendido por Ignacio Fernández, Nayo , el preso de Villabona confidente de la Guardia Civil, antiguo amigo de Suárez y Toro que ahora pretendía vengarse de los dos delincuentes.