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T. García - enviado especial | washington
León

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El Partido Demócrata no perdona y tiene fama de destrozar a los perdedores, por lo que el futuro de Kerry será dar conferencias por Europa como hace ahora Al Gore. A posteriori, se puede concluir que no era un mal candidato -por currículum, experiencia en política y peripecia vital, era el más completo de la historia, de hecho-, pero sí que escogió una mala estrategia de campaña. Mientras Bush se dedicó a repetir machaconamente sus cuatro ideas fundamentales, sin ningún resquicio a la contradicción y dibujando un mundo en el que todo es blanco o negro, Kerry transmitió ideas y promesas muy matizadas, con una excesiva querencia por los tonos grises. Bush convenció con su imagen de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el único capaz de sofocar la amenaza terrorista y el elegido por Dios para sal-var al país de los peligrosos izquierdistas del Partido Demócrata, partidarios del aborto y las bodas gais. Conforme avanzó la campaña, se encontró con otro argumento que caló en el electorado: el rival era un flip-flopper , alguien que hoy decía una cosa y mañana aseguraba la contraria. Kerry ayudó a cimentarse esta imagen por su indefinida postura en temas como la religión, los gais, la venta de armas, el aborto o su idea sobre lo que habría que hacer en Irak. Como resultado, buena parte del país debió pensar que, al margen de su capacidad, el aspirante no era un tipo de fiar. Y cuando todo acababa, con un empate técnico en las encuestas, apareció Bin Laden, que ayudó a enterrar al senador por Masachusets bajo una montaña de 3,5 mi-llones de votos.

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