Todas las células islamistas de España proceden de Al Qaida

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M. Sáiz-Pardo - madrid
León

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El terrorismo islámico que amenaza España no es una nebulosa de pequeños grupúsculos que buscan cometer atentados de manera autónoma; es una auténtica organización terrorista dotada de numerosos tentáculos que se mueven con cierta coordinación, lo que aumenta su peligro. Un mismo tronco común, forjado por Al Qaida en Madrid poco antes de los atentados del 11-S, está detrás de cada una de las seis células terroristas desarticuladas durante los últimos años tanto en España como en Marruecos, cifra que incluye el grupo del 11-M, los terroristas de Casablanca y los comandos yihadistas golpeados sin descanso por el juez Baltasar Garzón desde 2001 hasta esta misma semana. Ocho meses después de la masacre de Madrid, los expertos de la Unidad Central de Inteligencia Exterior (UCIE) de la Policía ya no tienen dudas sobre la génesis de estos grupos: la campaña de captación de muyahidines a través de correos electrónicos que Osama Ben Laden puso en marcha en Europa antes de los ataques de 2001 contra la Torres Gemelas y el Pentágono. En el vértice, un nombre conocido desde hace años por la Policía española, Amer El Azizi, el reclutador de Al Qaida en España y todavía huido pese al acoso policial. Reclutas Azizi, según los atestados remitidos a la Audiencia Nacional, fue quien en 2001 reclutó en Madrid a Mustafá Maimouni, actualmente encarcelado en Marruecos por los atentados de Casablanca y el cabecilla terrorista que en cuestión de meses puso en marcha las seis células vinculadas a la red de Bin Laden. Una misión para la que contó con la inestimable ayuda de Edim Barakat Yarkas, Abu Dahdah, el jefe de la primera célula española de Al Qaida, desmantelada en noviembre de 2001 en la denominada Operación Dátil. Los mandos de la UCIE reconocen que fue precisamente aquella gran redada policial de 2001 la que terminó de disgregar en diferentes células la galaxia terrorista a la que Abu Dahdah daba cierta cohesión. Con el cabecilla y sus acólitos en la cárcel, el seguimiento de estos grupos por los investigadores se complicó de manera considerable. Maimouni no dudó a finales de 2001, en tomar el relevo a Abu Dahdah y convertirse en «dinamizador» de estos grupos que, con base en Madrid, extendían sus tentáculos por Almería, Granada, Málaga, Navarra, Valencia, Murcia y Toledo.

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