Alonso cree que algunos arrestados podrían pertenecer a un comando de ejecución directa

Un etarra confiesa los asesinatos de Pagaza y Giménez Abad

La policía detiene a otros dos presuntos miembros del aparato de información

Dos erzainas conducen al furgón policial a uno de los detenidos ayer

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M. Sáiz-Pardo / A. Torices - madrid
León

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La confesión de un etarra capturado en las últimas redadas contra los aparatos de información y captación de ETA podría llevar en breve a resolver nueve de los diez asesinatos de la banda terrorista cuya autoría aún quedaba por esclarecer. Ibon Urrestarazu Esnaola, detenido el martes en Ordizia (Guipúzcoa), ha admitido ante la Policía haber participado en los homicidios del presidente PP aragonés, Manuel Giménez Abad, el 6 de mayo del 2001 en Zaragoza; del concejal de UPN en Leiza (Navarra) José Javier Múgica, el 14 de julio de ese mismo año, y del jefe de la policía local de Andoain, Joseba Pagazaurtundua, el 8 de febrero del 2003. Además, la información facilitada por Urrestarazu sobre los componentes del escurridizo talde que operó entre el 2000 y el 2003 a caballo entre Guipúzcoa, Navarra y Aragón ha servido para detener el jueves a los dos últimos componentes de este sanguinario grupo, que podría tener otros seis muertos a sus espaldas. A parte de los tres atentados citados, las revelaciones de Urrestarazu podrían aclarar el asesinato de los trabajadores de la empresa Elektra José Ángel Santos y Josu Leonet en San Sebastián el 22 de febrero del 2001; el de los ertzainas Javier Mijangos y Ana Isabel Arostegi en Beasain (Guipúzcoa) el 23 de noviembre del 2001, y el de los policías Bonifacio Martín Hernando y Julián Envit en Sangüesa (Navarra) el 30 de mayo del año pasado. De confirmarse las vías de investigación abiertas por los agentes de la Comisaría General de Información, sólo el homicidio con una pancarta-bomba del cabo de la Guardia Civil Juan Carlos Beiro Montes el 24 de septiembre del 2002 en Leiza (Navarra) quedaría sin autor conocido. Ejecución directa Según fuentes de la lucha antiterrorista, las pesquisas para desmantelar al equipo de «chivatos» y reclutadores de ETA han conducido de manera inesperada al grupo de informantes del talde al que pertenecía Ibon Urrestarazu. El ministro del Interior, José Antonio Alonso, prefirió ser cauto y se limitó a reconocer ayer que algunos de los últimos arrestados por orden del juez Baltasar Garzón, además de dar apoyo a la banda, podrían pertenecer a comandos de «ejecución directa». Ibon Urrestarazu ha facilitado a la Policía todo tipo de detalles de cómo entregó a ETA información para intentar matar a su vecino en Ordizia, el concejal del PSE en aquella localidad Iñaki Dubreil. La explosión del coche-bomba junto al apeadero de Martutene no alcanzó de lleno al edil, aunque sí a los dos electricistas, que fallecieron en el acto. Las revelaciones de Urrestarazu han ido más allá. Él también fue el 'chivato' que facilitó los datos para atentar contra otro de sus vecinos de Ordizia, el empresario Juan Bautista Rubio Beloki, que el 7 de julio de 2000 salvó la vida de manera casi milagrosa, ya que no explotó la «lapa» que los etarras colocaron en los bajos de su furgoneta, que conducía su hija. Urrestarazu ha delatado, incluso, a los terroristas que supuestamente serían sus compañeros en este talde : Alaitz Iturrioz Garmendia, también arrestado en Ordizia el martes y que sería otro «chivato», y los dos presuntos activistas detenidos el jueves, Xabier Balerdi Odriozola, capturado en Beasain (Guipúzcoa), y Andoni Cobos Novo, arrestado en Alsasua (Navarra). En su confesión, el etarra ha apuntado que Balerdi y Cobos serían los autores materiales de, al menos, los asesinatos de Pagaza, Giménez Abad y los policías de Beasain.

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