«Casi todo lo que el recinto necesita se contrata fuera y desde Madrid»
Al margen de los empleos directos, que no existen para el pueblo y se limitan sólo a guardias civiles y funcionarios de prisiones todos con residencia en León capital, tampoco la prición ha cumplido para Mansilla las espectativas de puestos de trabajo inducidos que se prometieron en un principio. Según su alcaldesa, una población reclusa de 1.800 personas, como la actual, requiere todo tipo de abastecimientos y servicios, al albergar tantas personas como el propio municipio. La realidad, sin embargo, es que unos y otros se contratan directamente desde la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, en Madrid, con grandes empresas en cuyo suministro de mercancías no piotan nada los vecinos de la zona de Mansilla. En el capítulo de anécdotas se señala, por ejemplo, que los presos suelen reclamar al mes «caprichos» para consumo propio que la cárcel contrata directamente en El Corte Inglés, como frutas exóticas -más de un tercio de los internos son extranjeros- dulces o cualquier otro tipo de productos que podrían adquirirse mayoritariamente en el pueblo. Para una población como Mansilla el volumen de negocio no es baladí y supone aproximadamente medio millón de las antiguas pesetas al mes. En otros servicios también la macrocárcel es autosuficiente y, si hay problemas de reparación o de albañilería, también se abastece con sus propios talleres.