Sólo cinco inmigrantes pudieron tramitar en León sus papeles en la primera jornada de la regularización extraordinaria
Cuando se renueva la esperanza

«Ahora hacen falta en León mil empresas que quieran contratar a mil inmigrantes» MIGUEL ÁNGEL CUETO, responsable del centro guía para extranjeros de UGT Una limpiadora búlgara de 35 años fue la primera inmigrante que ayer renovó la esperanza para legalizar su situación en León. Entregó sus papeles pasadas las cuatro de la tarde, sólo unos minutos después de que el Instituto Nacional de la Seguridad Social (calle 5 de Octubre) abriese sus ventanillas merced al nuevo proceso de regularización extraordinaria que durará hasta el 7 de mayo. Como ella, a las seis de la tarde sólo habían llegado al INSS otros cuatro inmigrantes más. Cinco en total con todo en regla: contrato de trabajo, certificado limpio de antecedentes penales y justificante del padrón con, al menos, seis meses de vigencia. Sin embargo, fueron docenas los que se acercaron hasta alguno de los seis puntos de asesoramiento distribuidos por León, Ponferrada, San Andrés del Rabanedo y Astorga para recabar los datos y certificados que les permitan regularizarse. El caballo de batalla en la capital leonesa era ayer el certificado de antecedentes penales, que los inmigrantes tienen que conseguir en su país o en sus respectivos consulados. La lenta burocracia y los escasos recursos económicos de los solicitantes -se trata de personas que llevan más de medio año al margen de la ley y en la mayor parte de los casos trabajando de una forma clandestina- limita la capacidad de conseguir este papel. Otro de los impedimentos con los que se econtraron ayer los interesados es la obtención del certificado de empadronamiento, que supuso largas esperas en los servicios municipales. Al margen de las ventanillas vacías del INSS y de los primeros problemas que afloraron durante la primera jornada de regularización, están surgiendo muchas dudas en torno a este proceso. Responsables sindicales y de los servicios de Extranjería de la Subdelegación del Gobierno en León, además de la Junta, no confían en que el mercado laboral de la provincia pueda absorber un porcentaje importante de los inmigrantes que se encuentran en situación irregular. «Ahora hacen falta mil empresas que quieran contratar a mil inmigrantes», afirmó el responsable del centro guía de UGT, Miguel Ángel Cueto, en alusión a las cifras que maneja este sindicato. «No sabemos hasta dónde llegará normalización en la provincia, porque es un territorio cuya actividad es muy limitada», indicó Isidoro Escudero, técnico de la Subdelegación. Por su parte, el consejero de Economía y Empleo, Tomás Villanueva, dijo que el proceso puede «derivar en ciertos desbordamientos» por el conocido como efecto llamada de extranjeros, mientras que el presidente de la patronal en Castilla y León, José Luis Martín, no muy esperanzado, pidió que el proceso evite la complejidad de la burocracia administrativa a la que debían hacer frente los empleadores. Pero detrás de la polémica y de las curiosas interpretaciones sobre esta regularización extraordinaria, están los testimonios de aquellos que buscan un futuro en León. Venir para volver para que sus hijos no tengan que salir La historia de Juan Carlos es la misma de tantos: venir para volver. Este boliviano de apellido vasco tiene 40 años, está casado y tiene cuatro hijos. «He venido a León porque necesitaba buscar nuevas fronteras para sacar adelante a mis hijos», explica. «En mi mente sólo pido que estudien para que no tengan que salir dentro de unos años del país, como yo», añade. Juan Carlos, aunque carpintero de oficio, lleva tres años trabajando en la construcción y ahora tiene la oportunidad de regularizar su situación gracias a la oferta de trabajo que le ha hecho su «patrón», como denomina a su jefe. «Por fin dejaré de estar en la economía sumergida y podré madurar la cabeza», apunta. Ha preferido utilizar esta vía que obtener los papeles recuperando la nacionalidad española que le corresponde por sus abuelos, emigrantes vascos en Argentina, porque asegura que «será más fácil». A partir de ahora, Juan Carlos sólo va a hablar «de presente y de futuro, el mal pasado se acabó». Sólo con un contrato sería suficiente para los dos Galina Kirova y Daniel Ztsaunov sobreviven a base de lo que él gana como panadero y lo que ella aporta en los meses de verano, cuando puede trabajar en algún restaurante o como limpiadora. Llevan más de un año y medio viviendo en Los Barrios de Nuestra Señora separados de sus dos hijos adolescentes que aún viven en Bulgaria. Él no está muy seguro de que su jefe le haga el contrato que le permita pedir los papeles, ella está a la espera de que se solucione una posible oferta. «Una mujer que vive en Madrid quiere hacerme un contrato, pero sólo descansa los domingos y ese día todas las oficinas están cerradas y no me permiten enviar el contrato por fax». De momento, es lo único que tienen. Con que a uno de ellos le hicieran un contrato, a los dos años, el cónyuge podría conseguir la tarjeta de residencia. Con un sólo contrato estarían a la espera. A León los fines de semana y esperando a la familia Estos dos marroquíes, de un pueblecito cercano a Marraquech, tienen contrato y papeles de residencia. Ahora trabajan en Zaragoza, a través de una subcontrata hasta fin de obra, en el mantenimiento de las vías de Renfe pero todos los fines de semana regresan a su casa, en León. Ambos están solteros, pero ahora quieren que sus hermanos pequeños puedan venir a España a aprovechar esta oportunidad. Abdeillah sostiene que el hecho de vivir en un piso alquilado desde un año debería ser una razón suficiente para que la Administración facilitase la reagrupación con su hermano, residente en Marruecos. Ambos jóvenes, que ayer se encontraban en los pasillos del centro guía para inmigrantes de UGT, consiguieron regularizar su situación legal en León a través de los dos procesos extraordinarios que se desarrollaron en el 2000 y en el 2001, y en los que consiguieron los papeles para establecerse en la provincia un total de 450 inmigrantes, en el primer caso, y 570 en el segundo. Unos años como limpiadora para terminar Derecho Tiene 24 años y lleva dos en León. Trabaja cuando algún empresario la quiere contratar y, el resto del tiempo, como otros muchos, en el paro. Pamela, de voz ténue, procede de la provincia ecuatoriana de Los Ríos. Su madre llegó a España hace tres años y, con el tiempo, logró traerla a ella, a su abuela, de 67 años, y a su hermana, de diez años de edad. «Ahora hay un señor que quiere contratarme para la limpieza y quiero aprovechar el momento», explica. Pamela terminó los estudios de Secundaria en su país y ahora está haciendo un paréntesis en España para «ganar dinero y volver a Ecuador a estudiar una carrera universitaria». Su sueño es terminar Derecho y eso le cuesta 200 dólares mensuales, por lo que calcula que dos años más serán suficientes. «No trabajo, no papeles, nadie quiere contratar a alguien así» Parece salir decepcionada de la ventanilla de información por todos los requisitos que la piden. Rosalín, de 24 años, es nigeriana y lleva tres en España. «¿Cómo llegué?, en barco, como todo el mundo», confiesa. Allí estudiaba sociología y ahora lucha por quedarse aquí para trabajar. «No trabajo, no papeles, nadie quiere contratar a alguien así», dice defendiéndose en un español muy incipiente. «Por fin dejaré de estar en la economía sumergida y podré madurar la cabeza» JUAN CARLOS Emigrante boliviano «Una mujer de Madrid me quiere contratar, pero no me dejan enviar el contrato por fax» GALINA KIROVA Emigrante búlgara «Queremos que nuestros hermanos aprovechen esta oportunidad para venir a León» ABDEILLAH Y ABDEIRAHMA Emigrantes marroquís «Tendré que estar al menos dos años porque estudiar me costará 200 dólares al mes» PAMELA FILIÁN Emigrante ecuatoriana «Llegúe en barco, como todos. No trabajo, no papeles, nadie quiere contratar a alguien así» ROSALÍN Emigrante nigeriana