| Crónica | Los ausentes, en la memoria |
7.37, campanadas de dolor
Millones de ciudadanos guardaron cinco minutos de silencio en una jornada de luto en la que el recuerdo de la tragedia estuvo presente en todas las miradas
Un silencio cargado de sentido. Millones de españoles hicieron ayer un alto en su quehacer diario para recordar a las víctimas del terrorismo y gritar sin palabras contra la barbarie. Madrid quedó casi paralizada a las doce del mediodía. Las puertas de los ayuntamientos y lugares de trabajo, las calles, las plazas, los parques y, por supuesto, las estaciones de tren se llenaron de ciudadanos anónimos dispuestos a demostrar que no olvidan, que aún están con quienes más sufrieron y que no se doblegarán al horror. A las 7.37 horas de la mañana las campanas de las más de 650 Iglesias de la Comunidad doblaron por los ausentes. Fue el comienzo a una larga jornada de homenajes. Esta vez la escenificación del luto por parte los madrileños de a pie fue discreta, quizá por respeto a los deseos de tranquilidad de los afectados, quizá por la voluntad de probar que la vida sigue y que así ha de ser. Más allá de lo acordado -los cinco minutos de silencio al medio día- y las emotivas visitas a los lugares de la tragedia, el día transcurrió con serenidad. Las banderas de los edificios más representativos de la ciudad ondearon todo el día a media asta, pero apenas hubo crespones negros en los balcones de las casas. Sólo pequeñas señales, como las coronas de flores en los monumentos de las principales calles, dejaban claro que no era un día cualquiera. Es cierto que la vida institucional se vio alterada. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, arrancó su jornada con una ofrenda floral en la fachada del Gobierno regional, donde se encuentra la placa que recuerda a todos aquellas personas que trabajaron de forma desinteresada el 11 de marzo. Y los actos organizados tanto por el Ayuntamiento de Madrid como por distintas corporaciones locales se sucedieron todo el día. En el consistorio de la ciudad, el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, presidió un pleno extraordinario en el que reclamó unidad frente al terror. Seguir adelante «No fingiremos que durante este año no nos hemos cansado nunca, que la tristeza no nos ha rondado, que en algún momento no nos hemos sentido muy vulnerables -dijo el primer edil-; lo importante es que no necesitamos fingirlo, porque sabemos que seguimos adelante». Esa fue, precisamente, la imagen de Madrid un año después: la de una ciudad llena de gente que, como señaló su alcalde, desea «realizar una vida y dotarla de sentido». Lo mismo que ansiaban las víctimas del 11 de marzo. «Ese es un ideal -dijo- que todos tenemos la responsabilidad de cuidar y enriquecer, en su nombre y en el de las generaciones futuras». Con ese espíritu, cientos de miles de madrileños se concentraron a mediodía ante las sedes de instituciones y centros de trabajo. Muchos de ellos, en plena circulación, pararon incluso sus coches. El país entero acompañó a Madrid en el dolor, con concentraciones en todas las ciudades en las que millones de personas hicieron del silencio un arma de recuerdo. Luego todo volvió a la normalidad. Sólo en las tres estaciones que fueron escenario de la masacre continuó el recuerdo con ofrendas de flores y velas encendidas que trajeron a la memoria los primeros días tras la masacre. «Frente a los que nos arrebataron a nuestros familiares y amigos o a los que los hirieron, nuestra respuesta cívica debe fundamentarse en un homenaje constante a su memoria» JOSÉ ALCARAZ Presidente de la AVT