«Por orden, los primeros agentes contaminantes son las ciudades, la ganadería y las minas»

El Torío a su paso por La Candamia, contaminado sin ningún control
Según el catedrático Estanislao de Luis Calabuig, resulta problemático establece un baremo global de culpables del mal estado de los ríos leoneses porque cada tramo o ribera es un mundo casi independiente, aunque a grandes rasgos se podrían resumir en tres, cada uno aplicable en mayor o menor medida al agua que corre por su pueblo: el primero sería la contaminación orgánica derivada de los vertidos de las ciudades y pequeños núcleos de población, que ahora empieza a corregirse con las depuradoras, el segundo las de las explotaciones agrícolas y ganaderas, que en el medio rural son tan importantes o más que las que producen los pueblos, y el tercero las industrias extractivas, como canteras de pizarra o minas de carbón, que, aunque generen sólo contaminación inorgánica, tarda en sedimensarse y termina afectando a todo tipo de fauna, tanto dentro como fuera del agua. «El carbón de aquí, por ejemplo, como otros muchos minerales, suele estar asociado al asufre y eso acidifica el agua hasta hacerla inhabitable para los peces y cualquier otra especie que dependa de ellos o viva en los alrededores». Mención aparte merecen, según Calabuig, las especies que han logrado sobrevivir a lo duro del medio ambiente o que han sido importadas para sustituir, con mejor o peor fortuna, a las que han desaparecido. El cangrejo señal y, en general, las especies americanas de este crustáceo, todas parientes, han sustituído al autóctono, salvo en regatos muy recónditos, que ni siquiera la Junta reseña en sus mapas para evitar la pesca furtiva. Algo parecido, aunque por otros motivos, sucede con peces como la anguila, antaño relativamente abundante en todos los afluentes del Duero o del Miño, como el Sil, y que ahora prácticamente ha desaparecido. Según Calabuig, «es probable que queden todavía algunos ejemplares en las cabeceras de ciertos ríos de montaña, atrapados por los embalses, porque la anguila, al contrario que el salmón, acostumbra a criarse en el río y sólo vuelve mar adentro para desovar, por ejemplo en el mar de los Sargazos: «así que, si por aquí queda todavía alguna cosa probable aunque yo no las he visto, tiene que ser enorme». «Estos son temas excepcionales, pero para conservar los ríos y las especies bastaría con unas pocas barreras naturales que mantengan los ecosistemas sin necesidad de hormigón».