Lucha contra las bombas olvidadas
Durante los años de lucha contra las bombas olvidadas, los Tedax de la Guardia Civil se han enfrentado a todo tipo de artefactos, aunque sólo algunos han dejado huella. En los despachos de Valdemoro aún se recuerda con una sonrisa aquella granada de mortero modelo 81 encontrada en Girona a principios de la década de los noventa. Durante horas los especialistas se esmeraron en desactivar la bomba y cuando finalmente lograron hacerla estallar... centenares de octavillas inundaron el cielo. Aquella granada no estaba llena de explosivo ni de metralla, sino de panfletos dirigidos a minar la moral del enemigo, una práctica que luego sería profusamente utilizada en la Segunda Guerra Mundial. Menos feliz es el recuerdo de la bomba de Bilbao de 1985. Los técnicos de la Guardia Civil apenas se dedicaban entonces a los artefactos de la contienda del 36, pero fue a ellos a los que recurrió un pescador vasco que horas antes, faenando en el Golfo de Vizcaya, había atrapado una gran bomba oxidada de casi un metro de altura (ver fotografía). Los agentes, creyendo que se enfrentaban a un gran artefacto más de aviación cargado de trilita. Pero cuando la bomba explotó descargó una nube tóxica (probablemente iperita, un precursor del gas mostaza) que afectó gravemente a los pulmones de uno de los especialistas.