Diario de León

Los funerales se celebrarán el viernes a las 10 de la mañana, presididos por el decano del Colegio Cardenalicio, Ratzinger

Juan Pablo II dejó sin fijar el lugar de su tumba y será enterrado en Roma

El Papa cruza a hombros por última vez la Plaza de San Pedro mientras los devotos caen de rodillas al suelo.

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Juan Pablo II el Grande será enterrado en Roma. El Papa polaco no romperá una tradición milenaria y ocupará finalmente el vacío dejado por el féretro de Juan XXIII en la cripta vaticana, de donde fue trasladado en el año 2000 tras ser declarado beato. En Cracovia y en todas las ciudades y pueblos del país natal del último obispo de Roma albergaban la esperanza de que Karol Wojtyla hubiera dejado escrito su deseo de descansar en Polonia, pero entre las últimas voluntades del muerto no figuraba disposición alguna sobre este particular. De hecho, los 65 cardenales que ayer celebraron las dos primeras congregaciones de las muchas que tendrán lugar hasta que comience el cónclave, no conocieron el contenido del testamento, que se leerá en los próximos días cuando el número de asistentes sea mayor. Dos horas y diez minutos estuvieron reunidos ayer los purpurados -asistieron a dos congregaciones, la primera para jurar y la segunda para disponer los detalles de las exequias-, entre los que se encontraba el arzobispo de Cracovia, Franciszek Marcharski, el primero en abandonar la sala Bologne para dirigirse, veloz, a la sala Clementina en la que a aquella hora todavía reposaban los restos del pontífice. Marcharski se arrodilló a la derecha del cadáver y comenzó a rezar, conmocionado. Los cardenales decidieron también que los funerales del Papa se celebren el viernes, a las diez de la mañana. Los presidirá Joseph Ratzinger, como decano del Colegio Cardenalicio. Los oficios serán una auténtica prueba para el Vaticano, aunque no sólo para esta ciudad Estado. El alcalde de la capital de Italia, Walter Veltroni, reconoció ayer que la caput mundi, la capital del mundo que estos días es Roma, «se ha visto en la obligación de organizar un Jubileo en 48 horas» para los más de dos millones de peregrinos que acudirán a despedir al Papa viajero. Al finalizar la eucaristía, el féretro de Juan Pablo II será trasladado a la gruta de la basílica de San Pedro en donde recibirá sepultura en el transcurso de un acto íntimo, reservado para un reducido grupo de personas. Así consta de forma expresa en la Carta vaticana, una consideración que sólo el Papa hubiera podido cambiar de manera expresa, algo que no ha sucedido. No obstante, en el Vaticano ayer se advertía que el hecho de que se entierre en Roma no convierte a Wojtyla en menos polaco. Tal vez apelando a la diplomacia, y teniendo en cuenta la frustración que sienten muchos compatriotas de Wojtyla, en el Vaticano se recordaba que Juan Pablo II pertenece «a toda la Iglesia» . Un detalle que sí se conoció ayer fue que Juan Pablo II había perdido la consciencia una hora y cuarenta minutos antes de morir. Esta circunstancia le habría impedido pronunciar el «Amén» que inicialmente se aseguró salió de la boca del Papa muy poco antes de expirar y que fuentes vaticanas han tenido que acabar reconociendo que fue una «pequeña invención». ¿El primer milagro? El calificativo de «Grande» utilizado el domingo por el cardenal Ángelo Sodano para referirse a Karol Wojtyla -un apelativo que hasta ahora sólo implica a tres papas y que podría anticipar una futura beatificación- ha comenzado a calar entre los católicos. Tanto, que el portavoz de la diócesis de Zacatecas, Gerardo Luna, aseguró ayer que la intercesión de Juan Pablo II había sido decisiva en una supuesta curación milagrosa de un niño de esta región mexicana. Antes de ser enterrado el viernes, miles de creyentes empezaron a desfilar ayer ante el cuerpo de Juan Pablo II, que permanecerá durante tres días bajo la cúpula de la basílica de San Pedro para ser venerado por peregrinos de todo el mundo. Los restos mortales de Karol Wojtyla, acompañados de un impresionante cortejo de cardenales, atravesaron por última vez la plaza donde tantas veces celebró misa. Iba llevado en andas por una docena de sediarios , los trabajadores pontificios que trasportaban al Papa en la silla gestatoria. En un ambiente solemne y de recogimiento, los creyentes se santiguaban ante la figura del Pontífice, que lucía un rostro extremadamente pálido. Ataviado con capa roja -color de luto para los papas- y casulla y mitra blancas, el cuerpo del Papa se alzaba sobre un catafalco que fue colocado delante del llamado altar de la confesión, junto al célebre baldaquino de Bernini, donde se instaló la capilla ardiente. Gracias a pantallas gigantes, miles de devotos pudieron contemplar en directo este recorrido último de Juan Pablo II por el lugar en que tantas veces celebró misa o bendijo a la multitud. La aparición del rostro sin vida del Papa ante las cámaras hizo que miles de católicos prorrumpieran en llanto. Karol Wojtyla recibió la bendición del cardenal camarlengo, el español Eduardo Martínez Somalo, quien roció de agua bendita su cuerpo. A las puertas del templo, los porteadores que trasladaban los restos mortales del Papa giraron el cuerpo para que mirara hacia la muchedumbre, que lo pudo contemplar por última vez a las puertas de la basílica. Muchas personas cayeron entonces de rodillas. «Como requiere la tradición, el Papa será enterrado en San Pedro, ya que no ha dejado por escrito ningún tipo de voluntad» JOAQUÍN NAVARRO VALLS Portavoz del Vaticano

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