Benedicto XVI acude andando a sus antiguas habitaciones, un modesto apartamento, y se da su primer baño de masas
Ratzinger se presenta como un conciliador para disipar los temores a un papado rígido
El nuevo Papa, que dará una rueda de prensa por primera vez en la historia, desdibuja su imagen estricta y exhibe un nuevo talante
Benedicto XVI ha dicho adiós a Joseph Ratzinger. El cardenal que el lunes denunciaba la «dictadura del relativismo» y dibujaba un sombrío futuro para los católicos, exhibió ayer como pontífice un talante conciliador que parece anunciar que al severo guardián de la ortodoxia la mitra papal le obligará a ser más luminoso. Al término de la Eucaristía que ayer concelebró en la Capilla Sixtina con el colegio de cardenales, el nuevo Papa pronunció un extenso discurso con el que marcó un punto de inflexión con respecto a la imagen que hasta ahora había transmitido al mundo como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El nuevo obispo de Roma lla-mó a la unidad de los cristianos; se comprometió a «promover la fundamental causa del ecumenismo», ofreció «un diálogo abierto y sincero» a «aquellos que siguen otras religiones o que simplemente buscan una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia y todavía no la han encontrado» y proclamó su «decidida voluntad de proseguir con el esfuerzo de aplicación del Concilio Vaticano II», en el que el hoy Papa y entonces asistente teológico del cardenal alemán Joseph Frings formaba parte de la mayoría progresista. En su primera misa como pastor de los católicos, Benedicto XVI contó con una compañía especial, la de Juan Pablo II, a quien el alemán se refirió como «mi venerado predecesor». «Me parece sentir ahora -confesó- su mano fuerte, que aprieta la mía; me parece ver sus ojos sonrientes y escuchar sus palabras, dirigidas en este momento a mí particularmente». Unas palabras que el Papa incluso verbalizó al señalar que su antecesor le susurró: «¡No tengas miedo!». Raztinger, que habló en latín para los cientos de miles de personas que siguieron su discurso desde la plaza de San Pedro y a través de la radio y la televisión, se refirió a la «oleada coral de fe, amor y solidaridad espiritual» que siguió a la muerte de Wojtyla y en la que él observó «un clamor universal de ayuda dirigida al Papa por parte de la humanidad actual, turbada por las incertidumbres». El alemán se mostró conciliador con los cardenales -«os pido que me sostengáis con vuestra constante, activa y sabia colaboración»- y con los obispos, e incluso incluyó una referencia a la colegialidad que muchos responsables eclesiales llevan reclamando desde hace tiempo y que será uno de los argumentos de discusión en el pontificado que comienza. Los jóvenes, que tanta presencia han tenido en el papado de Juan Pablo II, también estuvieron presentes en el discurso. Ellos serán, de hecho, la causa del primer viaje oficial anunciado por Benedicto XVI, que en agosto participará en la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Colonia. La casualidad ha querido que sea una ciudad alemana la próxima sede de estos encuentros afanosamente promovidos por Wojtyla. No obstante, el «empeño principal» del nuevo Papa será «trabajar sin ahorro de energías por la reconstitución de la plena y visible unidad de todos los discípulos de Cristo» y «promover la fundamental causa del ecumenismo». No sólo eso, el pontífice garantizó «la disponibilidad de todos los católicos a cooperar por un auténtico desarrollo social, respetuoso con la dignidad de todo ser humano». Primera rueda de prensa Todos los gestos de Benedicto XVI parecen encaminados a dulcificar la imagen que ha tenido como Joseph Ratzinger. Uno de los más llamativos tendrá lugar el sábado por la mañana, cuando protagonice la primera conferencia de prensa que ofrece un pontífice en la historia de la Iglesia. Este cambio de talante ha sido anunciado por algunos de los ex compañeros del ahora Papa en el colegio de cardenales. El arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, declaró ayer que «su imagen de persona que tiene que seguir los pasos de una ortodoxia rígida y no dialogante desaparecerán en poco tiempo». Desde que el martes el alemán se asomó al balcón de la basílica de San Pedro convertido en heredero del trono apostólico, el Vaticano se encuentra en estado de efervescencia. Miles de personas confiaban ayer en que el nuevo pontífice se asomara a la plaza, teniendo en cuenta que era miércoles, día en el que tradicionalmente se celebran las audiencias generales del Papa. El contacto directo con los fieles, de momento, tendrá que esperar. Ratzinger ya ha visitado los apartamentos papales, sellados desde la muerte de Wojtyla. Y si por la mañana estuvo con los cardenales, por la tarde, el nuevo Pontífice hizo su primera salida pública del Vaticano para dirigirse al modestísimo apartamento en el que habitaba hasta ahora, situado a pocos metros de la Plaza de San Pedro. Ratzinger fue recibido con aplausos y gritos de «viva el Papa» por las numerosas personas que se encontraban en la zona de la Plaza Citta Leonina, donde se encuentra la vivienda que ha ocupado en los últimos 24 años. Sonriente, saludó con la mano entre la estrecha vigilancia de las fuerzas del orden. Fue su primer baño de masas. «Quiero afirmar con fuerza mi decidida voluntad de continuar con las actuaciones del Concilio Vaticano II» BENEDICTO XVI