La fórmula del «menú a la carta» deja abierta la crisis constitucional

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León

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La pausa a la carta en el proceso de ratificación de la Constitución, acordada por los líderes europeos, ha dado la razón a quienes advertían del grave riesgo de colapso al que se enfrentaba la UE si Francia rechazaba un texto del cual es principal ideóloga. La solución del «menú a la carta», como la llamó el secretario de Estado para Europa, Alberto Navarro, no soluciona en realidad nada, y se limita a dejar abierta la crisis constitucional, aunque con la posibilidad de zanjarla en el 2007. A la cascada de desconvocatorias oficiales u oficiosas de los plebiscitos previstos en varios estados (Dinamarca, Portugal, República Checa, Irlanda...) se unieron, en la noche del jueves, las dudas expresadas por Luxemburgo, cuyo primer ministro, Jean-Claude Juncker, expuso a los demás líderes que los últimos sondeos empezaban a dar al no serias posibilidades en su país. Luxemburgo preveía celebrar su plebiscito el próximo 10 de julio, pero el peligro de que el referéndum se convierta en el certificado de defunción definitiva de la Constitución, incluso a pesar de la buena estrella de Juncker, parece demasiado elevado como para no tenerlo seriamente en cuenta. Contradicciones El proyecto de conclusiones de la cumbre, la última de la agitada presidencia luxemburguesa, es el mejor ejemplo de las enormes contradicciones a las que se enfrenta el proyecto con el que Europa se había dotado para hacer avanzar su construcción política, y que, a la postre, se ha revelado como la causa primera de su actual parálisis: «La nueva situación no cuestiona la continuidad del proceso de ratificación. Hemos convenido no obstante que el calendario de procedimientos será adaptado a la luz de los recientes acontecimientos», reza el texto. Es decir, algo así como que la cosa no es muy grave pero que necesita medidas inmediatas. A media tarde de ayer comenzó a circular por los pasillos de la cumbre un borrador del compromiso, que no había recibido aún el visto bueno de la cumbre. El documento valora los méritos de la construcción europea, «que tan bien nos ha servido por más de 50 años, y que ha llevado a Europa a unirse en torno a una misma visión». La «ambición europea -dice el documento- es más necesaria que nunca». De momento, la Unión Europea se ha dado un pequeño respiro para repensar la situación dentro de unos meses -bajo la presidecia austríaca a partir de enero del 2006, según Jean-Claude Juncker- y plantearse si hay luz al final del túnel europeo una vez que Francia haya renovado en las urnas su liderazgo político en la próxima primavera del 2007.

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