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MIGUEL ANXO MURADO
León

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SUS fundadores añadieron al nombre del IRA el remoquete de «provisional». Querían, por una parte, distinguirla del IRA «histórico», la organización paramilitar que libró en los años veinte una guerra contra el ejército británico -y también contra los propios irlandeses, incluidos nacionalistas de otras tendencias-. Pero por otra parte, en el nombre de «provisional» había algo de acto culpable, de vaga conciencia de que la violencia política no podría por sí misma resolver los problemas de Irlanda. Fue mucho peor que eso: la violencia del IRA, enzarzada en una lucha furiosa con la de los grupos unionistas rivales, no hizo sino empeorar las cosas hasta extremos inhumanos. Organizar el IRA había resultado fácil, pero desmontarlo ha llevado diez años. Esto lo saben mejor que nadie Gerry Adams y Martin McGuinness, que participaron en ambos procesos. Incluso siendo evidentes las ventajas políticas -aunque sólo se tratase de eso- de abandonar las armas, ha tenido que darse una situación insostenible -y, esperablemente, una muerte más, la de Robert McCartney- para que finalmente el IRA aceptase lo inevitable. La misma falta de retórica del comunicado en el que anunciaba ayer su entrega de las armas, redactado sin solemnidad ni fanfarria, era una muestra más de cansancio, de hartazgo, de falta de convicción en lo que todavía se califica en el texto, débilmente, de «lucha armada legítima». Destaca mucho más una frase también tímida pero de mayor significado: «Muchas personas han sufrido por el conflicto». Muchas, desde luego. Es el único reconocimiento explícito de fracaso no militar, sino moral. Ayer, finalmente, el Ejército Republicano Irlandés -rama provisional- dejaba de ser provisional para hacerse definitivo, pero definitivo en su desaparición. Tan sólo resta una nota triste, aparte de la tardanza de la noticia: la incómoda sensación que debe percibir un londinense de que un terrorismo se va para dejar sitio a otro. La presidenta de Irlanda, Mary McAeleese, confió que el «histórico» anuncio del IRA, que declaró el fin de su campaña armada, contribuya a alcanzar una paz duradera entre las comunidades del Ulster.

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