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Vía crucis político en agosto El PSOE acusa al PP de generar crispación para intentar ocultal la gestión de Rodríguez Zapatero Un grupo de 17 presos de la cárcel de Segovia alega depresión para recibir el mismo trato que Vera

El ministro Alonso estuvo bien en el Congreso
En contra de lo previsto, este verano está resultando un auténtico vía crucis político a cuenta de los incendios, los atascos, los estatutos, los batasunos y el lamentable episodio de Roquetas de Mar, que ha dejado tocado al mismísimo director de la Guardia Civil, el teniente general Carlos Gómez Arruche, hombre del ministro Bono, a su vez estrella del Diez Minutos en su último número. Todo apuntaba a que serían unas semanas sin tensión después del primer curso político de Zapatero, un tanto atropellado y desigual, y la indigestión popular interminable por la derrota del 14-M. Se dibujaba un breve tiempo estival de transición, y de paso de reflexión, antes de reanudar las hostilidades parlamentarias. Pero lo rompieron varios personajes: de un lado Carod Rovira que pactó con Convergencia contra el tripartito catalán a cuenta del nuevo Estatut y ahora se expone a quedar en la cuneta guberna-mental porque Zapatero busca novias en otras Comunidades. Por otro, un joven teniente de la Guardia Civil, identificado sólo por sus iniciales, que estadísti-camente, por su edad y carrera, tenía posibilidades de llegar a general y que ahora suspira por no convertirse en preso por malos tratos con resultado de muerte. Y, como siempre, especialmente en verano, Arnaldo Otegi, hábil convocante de una manifestación en San Sebastián, aprovechando el lleno de la ciudad por las fiestas, y que ya lleva bastantes horas de telediario ocupadas con la complicidad ingenua de los periodistas de guardia. Algo grave tiene que pasar en verano para que el ministro del Interior comparezca parlamentariamente a petición propia, pero pasó. No se puede admitir en una democracia que alguien, consumidor de droga o no, vaya a presentar una denuncia a un cuartel de la Guardia Civil y de allí salga cadáver y con el esternón roto. Pero la estrategia del PP de pedir por esos hechos «la dimisión al cuadrado del ministro» no ha calado. porque Alonso estuvo bien en la comparecencia y se había movido rápido. «Zapatero tiene la habilidad de captar la importancia de esos asuntos desde el principio y actuar de forma inmediata, a diferencia de otros gobernantes que son más lentos en sus decisiones», comenta a este periódico el ex ministro Abel Caballero. Convocados por el presidente, Alonso y Bono, dada la doble dependencia de la Guardia Civil de Interior y Defensa, tomaron las primeras medidas de suspensión de los implicados y se aguardó hasta conocer el resultado de la autopsia. Algo queda claro ya en esta historia que no ha terminado porque aparecen nuevos datos inquietantes y nuevas denuncias contra el teniente acusado: de entrada, la impecable actuación del teniente coronel jefe de la Guardia Civil en Almería, que intervino de inmediato movilizando a la unidad de inspección interna y retirando de Roquetas al teniente para que no pudiera manipular pruebas, lo que hubiera hecho, según su propia versión, de saber que su paliza al detenido había sido grabada en vídeo. A continuación, la menos afortunada intervención del director general de la Benemérita, que trató de quitar importancia a lo sucedido en el cuartel, declaraciones que el ministro explicó como que «un día malo lo tiene cualquiera.» Un buen conocedor del estilo de Zapatero desde los tiempos en que prescindió de una parte de la organización del PSOE en León sin despeinarse, hace el siguiente pronóstico desde Madrid: «El presidente, a la que pueda, se llevará por delante a Gómez Arruche, y Bono perderá ahí una pieza de su entramado, lo que no disgustará especialmente a Alonso.» Para los que leen la letra pequeña de la política no habrá pasado desapercibido el acuerdo entre Chaves y Touriño para defender juntos un modelo de estatuto que haga posible el reconocimiento de la identidad particular con la solidaridad. Es el primer efecto político en España de una Xunta de Galicia presidida por un socialista zapaterista, algo que ya se preveía en la estrategia de José Blanco cuando anunciaba que «gobernar en una comunidad histórica en sintonía con el Estado ayudaría decisivamente a cambiar el escenario político español». Tramontana republicana Tenemos por tanto tres mode-los de estatuto en marcha, ex-perimentos vascos al margen: el supuestamente diseñado en conjunto por Chaves-Touriño, el pactado en Valencia contra pronóstico por Camps y Plá, es decir, por PP y PSOE, y el maximalista de Maragall, que hace esfuerzos por no naufragar en estos días azotado por una tramontana republicana. El propio Ernest Maragall, que es mucho más que el hermano del president, lo definía ayer en una artículo salvavidas como situación límite: «Callejón sin salida para el Estatut o calle mayor (...) Todo dependerá de nosotros mismos, de que seamos capaces de poner el seny necesario para hallar las fórmulas constitucio-nales adecuadas», concluía. Lo cierto es que este mismo fin de semana, mientras en San Sebastián la ilegalizada Batasuna echa un pulso al Gobierno Ibarretxe con la policía autónoma en la calle, Maragall ha convocado a los consejeros más influyentes en su modesta casa de la Costa Brava para estudiar una crisis que puede terminar en elecciones catalanas anticipadas. En resumen, que el Via crucis estival inesperado tiene varias estaciones desde Girona a San Sebastián pasando por Almería y La Mancha, donde el pavoroso incendio de Guadalajara aún arde políticamente. Menudo verano de descanso. Adivinen la temporada otoño-invierno que viene. Crispación para tratar de ocultar la eficacia y notable gestión del Gobierno. Esta es a juicio de la Ejecutiva Federal del PSOE la estrategia que el PP desarrolló durante el pasado curso político -y con la que parece que va a continuar- y que supuso el principal problema en el primer año de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Ejecutivo. Así lo han manifestado en un documento de trabajo en el que los socialistas hacen balance de su primer año al frente del Gobierno y marcan sus prioridades para el nuevo curso político: Vivienda, Investigación, Infraestructuras y la elaboración de la Ley de Dependencia. Permisos de seis horas diarias durante cuatro días para curarse de su depresión. Esto es de lo que disfruta el ex secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, en la cárcel de Segovia, donde está recluido desde el pasado mes de febrero, y que también han solicitado recibir otros 17 internos que igualmente han alegado ante la dirección del centro sufrir una fuerte depresión. Pese a que estas 17 peticiones resulten más que sospechosas, fuentes penitenciarias aseguraron que las peticiones de los reclusos serán estudiadas «detenidamente», y será la Junta de Tratamiento quien decida la conveniencia de autorizar los permisos.