| Crónica | El dolor de las familias |

Galicia llora a sus muertos

Especialistas del Ejército están dando apoyo psicológico a los familiares de los militares muertos en Afganistán, muchos de los cuales se acercaron ayer hasta la base de la brigada

El soldado profesional Diego González Blanco

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León

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Se enteró por la televisión. Sólo tuvo que escuchar las palabras soldados, Afganistán y accidente a primera hora de la mañana de ayer para atar cabos. A partir de ese instante, sólo tuvo una cosa en mente: ponerse en contacto con el marido de su mejor amiga, que forma parte del contingente que la Brilat destinó al país asiático. Tuvo suerte. El militar viajaba en el segundo helicóptero y «me pro-metió que estaba sin heridas, sin ningún rasguño», relató ayer esta mujer, ex militar de profesión y miembro de una familia muy vinculada al Ejército de Tierra: «Mi hermana, mi cuñado... Tengo mucha familia militar. Yo ya no lo soy. Lo dejé». Tras varias tentativas sin ningún éxito y que sólo sirvieron para acrecentar su temor, la antigua militar pudo localizar al que fuera su compañero de armas. Apenas pudieron intercambiar algunas breves frases para «tranquilizar a su esposa». El militar repetía, una y otra vez, «murió, murió, murió...» en clara referencia a los amigos que perdieron la vida al estrellarse el helicóptero. La conversación concluyó con un esperanzador «estoy bien, estoy bien... Díselo a mi mujer». Pero toda cara tiene su cruz. La ex soldado de la Brilat, que pre-firió optar por la intimidad «para no molestar a nadie», aseguró dis-poner de poco información sobre lo ocurrido en Herat (Afganistán). «Sólo sé que dos conocidos están muertos. Por suerte, el marido de mi mejor amigo está vivo». Viuda y con hija Las dos personas a las que se re-fiere son el cabo segundo Daniel Abreu y el sargento primero José González, el primero «casado y sin hijos» y el segundo «deja viuda y una hija». Al recordarlo las lágrimas empezaron a brillar en los ojos de la joven pero, finalmente, se negaron a salir ante las miradas indiscretas de los periodistas. A lo largo de la jornada de ayer, multitud de familiares y conocidos de las víctimas se acercaron hasta la base pontevedresa de la Brilat. Todos fueron atendidos por el general Vicente Díaz de Villegas. Algunos llegaron quejándose por las escasa información que estaban recibiendo, sobre todo la relativa a la identidad de los cinco soldados heridos en el aterrizaje de emergencia del segundo helicóptero. Otros buscaban aliviar la angustia comprobando que su hijo o su mujer no se encontraban en nin-guna lista. Y los más, rotos por el dolor, requerían información sobre sus seres queridos fallecidos y al mismo tiempo, tal vez, encontrar una respuesta que les permitiera encontrar un consuelo que tardará mucho tiempo en llegar. Apoyo psicológico «Sólo llevaba cuatro días allí» fue-ron las únicas palabras que, entre llantos, se le pudo escuchar a otra mujer que se acercó ayer hasta el acuartelamiento pontevedrés. Estaba destrozada anímicamen-te, como la mayoría del resto de componentes del denominado batallón electoral en Afganistán. Contrarrestar en la mayor medi-da posible los efectos psicológicos que el accidente pueden provocar es lo que motivó que, ayer mismo, el Ministerio de Defensa decidiese que todas las familias comenzasen a recibir cuanto antes apoyo psico-lógico de manera individualizada, labor de la que se están ocupando un grupo de especialistas del Ejército español. Decisiones difíciles No fue la única decisión que Defensa tomó para velar por los familiares de las víctimas. Se dieron órdenes estrictas para controlar, en la medida de lo posible, la difusión de datos que facilitasen que tales personas fueran localizadas.

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