El Rey, el príncipe de Asturias y el presidente del Gobierno dieron el pésame a los familiares en el acto de Getafe
Defensa repatría los restos de los 17 militares muertos en Afganistán
Bono afirma que los expertos identificaron los cuerpos «de manera indubitada»
Los cuerpos de los 17 militares, de ellos diez gallegos, que fallecieron el martes en Afganistán fueron repatriados ayer en un avión Hércules de la Fuerza Aérea, que aterrizó a última hora de la tarde en la base madrileña de Getafe. El aparato partió a las 4.30, hora española, desde Herat, donde la pasada madrugada los expertos de la Guardia Civil finalizaron las tareas de identificación de los restos. El ministro de Defensa, José Bono, aseguró antes de subir al avión que todos los cuerpos habían sido identificados «de manera indubitada». Otro avión, el Airbús que utilizó el ministro para trasladarse hasta el país asiático, había llegado una hora antes a la base de Torrejón de Ardoz. En él viajaron, entre otros, cuatro de los cinco militares que resultaron heridos tras el aterrizaje de emergencia que tuvo que realizar el segundo helicóptero que participaba en las maniobras junto al siniestrado. El quinto lesionado, con tiene daños no graves en una vértebra, permanece en Camp Arena por decisión médica. Antes de despegar, los miembros del destacamento español en Herat rindieron a los fallecidos un sentido homenaje en uno de los hangares de la base, donde un sacerdote castrense ofició una misa y bendijo los féretros. Después, compañeros de los caídos trasladaron los 17 ataúdes, cubiertos con banderas españolas, a hombros hasta el avión Hércules. Bono, el jefe del Estado Mayor del Ejército, general José Antonio García González, y los miembros de la delegación del Ministerio de Defensa desplazada a Herat asistieron a los actos, incluidos los soldados que viajaban en el segundo helicóptero accidentado. Dolor incontenible Las parte más dramática de la ceremonia la protagonizó la sargento Susana Pérez Torres, viuda de Alfredo Francisco Joga, que murió en el siniestro. La joven, en un momento de la ceremonia, se abalanzó sobre el féretro que contenía los restos de su marido, del que no quería separarse. Después la soldado, con el rostro oculto tras unas gafas oscuras para disimular las lágrimas, ayudó a trasladarlo hasta el avión y ocupó una plaza en la nave que repatrió a los heridos. Entre la tropa los llantos, los abrazos, las caras largas y los dientes apretados por la emoción presidieron esta despedida, quizá la más conmovedora por ser el homenaje de quienes compartieron con los muertos sus últimas vivencias. Fue el adiós de los hombres y mujeres que en los próximos meses tendrán que acabar el trabajo que ellos empezaron, que comparten sus inquietudes y que -no lo olvidan- podrían haber corrido su misma suerte. El rey Juan Carlos y el príncipe de Asturias presidieron el acto de homenaje, junto a José Luis Rodríguez Zapatero. Momentos antes, el monarca y el príncipe Felipe, ataviados con uniforme militar, dieron personalmente el pésame a los familiares y amigos de las víctimas reunidos en la base aérea de Getafe. En el acto estuvieron también presentes Miguel Ángel Moratinos, y de Sanidad, Elena Salgado, junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid y a los portavoces parlamentarios de Defensa en la comisión del Congreso.