Atrapados sin comer siete horas en la A-6
Los antidisturbios desalojaron a la fuerza de la autovía a 500 mineros apostados en Bembibre, después de ocasionar una cola de más de 22 kilómetros de coches y camiones
Los mineros abandonaron la barricada de la A-6 ante el lanzamiento de gases de los antidisturbios
«Habrá plan del carbón, y será un buen plan. Espero que se firme en los dos próximos meses» JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO, presidente del Gobierno (4-9-2005, Rodiezmo) Los mineros crearon ayer el caos en el Bierzo. Bloquearon por carretera las principales entradas y salidas de la meseta leonesa con Galicia. La autovía del Noroeste y su paralela, la Nacional VI, permaneció cortada a todo tipo de tráfico rodado, -incluidas motos-, durante más de siete horas. Desde las diez de la mañana y hasta pasadas las cinco de la tarde, el medio millar de trabajadores del carbón concentrados en el kilómetro 371 de la A-6, a la altura de San Román de Bembibre y no muy lejos de Ponferrada, ocasionaron colas descomunales. Hubo más de 22 kilómetros de filas de coches y camiones atrapados sin remedio en el atasco, 11 kilómetros en cada uno de los dos sentidos. Los mineros arrancaron más de cincuenta metros de vallas metálicas quitamiedos y las cruzaron sobre el asfalto de la autovía. También acumularon neumáticos y les prendieron fuego, avivándolos con gasolina. La lluvia intermitente caída durante la mañana y la tarde no les arredró, y hasta que llegaron los antidisturbios de la Guardia Civil lanzando botes de humo contra ellos, no se fueron del lugar. Durante esas eternas siete horas, los damnificados por la huelga minera, los que estaban en sus vehículos, ni comieron, ni bebieron. Más de uno y una pasó verdaderos apuros para atender sus necesidades fisiológicas. Los mineros, sí iban preparados para la movilización. La mayoría pertrechados con bocadillos y bota de vino. Sobre el asfalto, la desesperación y el hastío llegó a cundir por momentos. También el aburrimiento y el cabreo de los transportistas, que de vez en cuando hicieron sonar las bocinas, lo que encendía más los ánimos de los movilizados. Momento de peligro El momento más delicado de la protesta minera sobre la autovía fue cuando hizo acto de presencia un helicóptero de la Guardia Civil. Empezó a dar círculos en el cielo sobre los manifestantes y los mineros reaccionaron lanzando contra el aparato bombas de gran palenque. Fueron más de una docena de cohetes, de los utilizados habitualmente en las fiestas, los que estallaron en el cielo a poca distancia del helicóptero. El que los lanzaba demostró una pericia especial, puesto que en dos ocasiones el susto desde tierra fue impactante. Las horas iban pasando y en la misma proporción aumentaba el enfado de los atrapados en el atasco. Un comandante de la Guardia Civil intentó sin éxito en varias ocasiones disuadir a los mineros. «¡Por el amor de Dios, no véis que estáis causando un gran perjuicio a toda esta gente durante muchas horas!», exclamaba. A lo que mineros anónimos le respondían sin rubor: «Aquí, ahora, mandamos nosotros, así que ya le estás diciendo a los antidisturbios que vengan». Una mujer, atrapada desde las diez de la mañana en la autovía, consiguió el teléfono de la Subdelegación del Gobierno en León y bombardeó con llamadas a la centralita. «Aquí estoy, secuestrada; manden aviones o hagan algo, pero esto es una vergüenza; ¿Quién me paga a mi el sueldo de hoy?», le decía a la funcionaria desde el asfalto. Fue la casualidad, pero, cinco minutos después de aquellas llamadas, -porque el número de teléfono de la Subdelegación corrió como la pólvora por la cola de coches-, una columna con medio centenar de antidisturbios pertrechados por todos los costados hicieron acto de presencia enseñanzo sus armas. Los mineros no se atemorizaron. Es más, la primera arrancada contra la Guardia Civil fue de los manifestantes, que lanzaron piedras y botellas de vidrio contra las fuerzas del orden. Pero, los botes de humo pesaban más que las piedras y en apenas minutos no quedó ni un minero sobre el asfalto de la A-6. Eran las 17.15 horas. La misma Guardia Civil fue la que retiró las vallas metálicas, y con sus escudos limpiaron toda la maleza quemada sobre la autovía, junto con los restos de los neumáticos calcinados. La revuelta minera siguió después fuera de la A-6, en la rotonda de San Román. Los movilizados volvieron a agruparse y de nuevo los antidisturbios repitieron la carga. Esta vez, ya por las calles del pueblo. Los dirigentes sindicales de CC. OO. y UGT intentaron levantar la medida de presión bastante antes, pero chocaron frontalmente contra el sentir de la mayoría de los trabajadores, que aguantaron hasta que les desalojaron. Cuando esto ocurrió, las colas llegaban casi a la entrada Oeste de Ponferrada.