José Luis Rodríguez Zapatero conversa con Esperanza Aguirre antes del comienzo de la sesión de ayer

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Gonzalo Bareño - redacción | madrid
León

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Esperanza Aguirre dio ayer un paso más en lo que muchos consideran una carrera impa-rable para presentarse como alternativa a Mariano Rajoy en caso de una nueva derrota del PP en las próximas elecciones. Aunque oficialmente asume disciplinadamente las tesis de la dirección del PP, Aguirre lleva tiempo intentando demostrar que posee su propio discurso y que marca su propia agenda. Aguirre ningunea ya a piezas del PSOE que considera menores y sólo parece disfrutar en el cara a cara con Zapatero. Ayer, amenazó con no acudir de nuevo a una conferencia de presidentes, lo que le acercaría más a las pos-turas de Ibarretxe y Maragall, que parecen reacios a debatir en foros comunes con otros presidentes y reclaman negociaciones bilaterales. Algo que en absoluto comparte Rajoy. Esa carrera por singularizarse incluye también gestos para la galería. Durate el debate, se ha podido observar una muy buena sintonía personal entre Aguirre y Maragall, bestia negra del PP, que se han dispensado elogios mutuos. Aguirre, que se arroga en el PP el mérito de haber liquidado la carrera política de Gallardón, ha dado otras muestras de escaso apego a secundar directrices, como cuando expresó su rechazo a recurrir ante el Constitucional la ley que permite los matri-monios homosexuales, algo que dañó mucho a Rajoy. En el PP son muchos quienes consideran que la influencia actual de la baronesa Aguirre en el partido supera con mucho la de otros miembros de la dirección central y parlamentaria.

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