Lecciones de la guerra de Irak

El ataque frontal del PP al Estatuto, unido a las criticas de destacados dirigentes socialistas, dañan a Zapatero, aunque es difícil que los populares mantengan la tensión hasta el 2008

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Gonzalo Bareño - redacción | madrid
León

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La caída del PSOE en los sondeos y la de Zapatero en credibilidad está vinculada con la reforma del Estatuto catalán. Algo que no debe extrañar si se tiene en cuenta que algunos de los mayores críticos del Estatuto son presidentes de comunidades socialistas como el extremeño Ibarra y el andaluz Chaves o, en menor medida, el arago-nés Iglesias y el castellano manchego Barreda. Otros relevantes socialistas como Bono, Felipe González o Alfonso Guerra no se muestran precisamente entusiasmados con el proyecto. Unidas al ataque duro y frontal del PP al Estatuto, esas críticas siembran dudas entre quienes, sin ser socialistas, votaron a Zapatero. Nadie duda -hoy tenemos la certeza- de que en el PP había quien se oponía a la guerra de Irak. Pero los críticos tuvieron la virtud, o la cobardía, según se mire, de no expresar sus quejas en público. La oposición hace daño, pero nada debilita más a un Gobierno que la disensión interna. Que se lo pregunten a Blair. El PP está convencido de que en el Estatuto catalán ha encontrado la guerra de Irak del PSOE. Pero no debe olvidarse que pocos meses después de las masivas manifestaciones contra la guerra, rechazada por un 90% de los españoles, y a una semana de las elecciones, el PP estaba al borde la mayoría absoluta. Luego, el 11-M produjo un vuelco. La primera lección que parece haber aprendido Zapatero, y de ahí su tranquilidad, es que el elector olvida pronto y que es difícil mantener la tensión del electorado sobre una cuestión durante más de un año. La segunda, que también ha aprendido el presidente, es que, salvo catástrofe, casi todos votan más con el bolsillo que con el corazón. Y por eso se centrará en vender los buenos datos económicos.

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