Sharon y los principales líderes árabes han declinado su asistencia en los últimos días
La Cumbre Euromediterránea busca la cooperación en terrorismo y migración
La propuesta del código de conducta ya ha provocado las protestas de varios miembros
Los países de la Unión Europea y sus vecinos de la ribera sur del Mediterráneo se reúnen a partir de mañana en Barcelona en la primera Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno y con el objetivo europeo de que los socios árabes e Israel se comprometan a impulsar una cooperación euromediterránea en la lucha contra el terrorismo y la inmigración ilegal. Esta cita que conmemora los diez primeros años del Proceso euromediterráneo de Barcelona pretendía sentar en la misma mesa por primera vez a los líderes de Israel y sus vecinos árabes. Sin embargo tanto Ariel Sharon, quien dimitió esta semana y se encuentra en funciones, como varios mandatarios árabes como el rey de Jordania, Abdalá II, el presidente sirio, Bachar al Asad y el egipcio, Hosni Mubarak, han declinado su asistencia por diferentes motivos. Más ausencias Del mismo modo, no se sabrá hasta el último momento si el líder libio, Muamar Gadafi, y el presidente tunecino, Zine El Abidine Ben Alí, se desplazarán a la ciudad condal y por tanto, qué nivel llevarán las delegaciones de Túnez y Libia. Este último país sigue teniendo estatus de observador. Por parte europea está prevista la asistencia de todos los jefes de Estado y de Gobierno de los Veinticinco a la excepción del primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, quien ha declinado su participación en la Cumbre. Destaca, sobre todo, la presencia de la nueva canciller alemana, Angela Merkel, quien participará en su primera reunión internacional al frente de su país. Madrid y Berlín han previsto un encuentro bilateral de ella con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. La iniciativa más novedosa para esta Cumbre copatrocinada por Reino Unido -como presidente de turno de la Unión Europea- y España es la aprobación de un Código de Conducta sobre Terrorismo en el que todos los países del área euromediterránea -incluyendo por tanto a Israel y sus vecinos árabes- suscriban un texto en el que se condene este fenómeno en todas sus formas y obligue a todos los Estados a combatirlo. Este Código de Conducta se ha topado con dificultades en las últimas semanas por culpa de la oposición de algunos países árabes, y sobre todo de Siria, ya que insisten en que haya una diferenciación entre los terroristas y aquellos combatientes o activistas que cometen este tipo de actos «en legítima defensa para la liberación nacional contra una fuerza ocupante». Dificultades Esta última definición podría abarcar, por tanto, a las facciones palestinas o la milicia chií libanesa de Hezbolá que realizan acciones terroristas contra Israel. De ahí que desde el Gobierno español se hayan constatado «serias dificultades» para cerrar este acuerdo ante las «reticencias semánticas» que hay sobre la mesa, indicaron fuentes gubernamentales. Damasco ha mantenido una posición tradicional de apoyo a grupos radicales de la región, sobre todo libaneses y palestinos, y en los últimos meses se encuentra en una difícil posición por su presunta vinculación en los atentados terroristas cometidos en Líbano y por permitir, según Washington, la entrada de terroristas yihadistas en Irak a través de su frontera. Tanto España como el resto de países de la Unión Europea se oponen a que se incluya «cualquier salvedad u objeción» al término terrorista dentro de este Código de Conducta y llegado el caso, la UE preferiría un fracaso en este punto antes que incluir modificaciones de este calibre en el texto.