| Reportaje | Casas cerradas a cal y canto |

«Temblé cuando supe lo que pasaba»

Angustia, indignación, miedo y desesperación son algunos de los sentimientos que los vecinos de la pequeña localidad de Castrillo de la Ribera mostraban durante el incendio

La impotencia ante las llamas se refleja en el rostro de un vecino de Castrillo de la Ribera

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Abigail Calvo - león
León

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El arcén de la carretera que une Castrillo de la Ribera con Villaroañe fue el escenario para contemplar la gran columna de humo que salía del vertedero ilegal, situado muy cerca del pueblo, el jueves por la noche. Allí se agolparon los vecinos, soportando el frío y lo que ya «se veía venir». Una vez entrada la madrugada, se refugiaron en sus casas, cerrando a cal y canto puertas y ventanas para impedir que el humo entrara en sus casas. Ayer por la mañana, cuando se levantaron, las llamas continuaban brotando de los neumáticos y en el Mesón Posada no se hablaba de otra cosa. Por las ventanas del bar se observaba perfectamente cómo el humo seguía subiendo para ser después guiado por las corrientes de aire. José Ignacio Miguélez regenta este mesón y a las 20.20 horas exactamente llamó el jueves al 062 para informar a la Guardia Civil del incendio que comenzaba a formarse por aquel entonces. «En pocos minutos se convirtió en algo espectacular», declaró. Dos de los clientes que ayer acudieron a tomar el café a la Posada aseguraron oír desde sus casas, en las Lomas y en León, cerca de Antibióticos, dos petardazos fuertes sobre la una y las dos de la mañana, procedentes del vertedero de neumáticos. En el propio Castrillo los cristales de las casas retumbaron y incluso se cayeron algunos tendederos de ropa tras el fuerte ruido seco. La columna de humo ayer se podía ver en sitios tan lejanos como La Bañeza y por supuesto, desde la capital leonesa. Encerrados en casa Araceli González está indignada. Aseguró que tanto los vecinos como el alcalde habían denunciado insistentemente que el vertedero era ilegal y que es lamentable que después de tantos avisos «haya tenido que pasar esto. Es vergonzoso, esto es algo que todos sabíamos». Su hermana María del Mar estaba angustiada: «Lo he pasado fatal, no me gusta nada el fuego. Ha sido angustioso». Ambas están preocupadas por su madre, Araceli Fernández, que tiene problemas del corazón. Ayer no la dejaron salir mucho a la calle: «No es bueno que respire este humo», aseguraron. Ella, después de su paseo, comentó que ayer, cuando se enteró de la noticia, le temblaron las piernas. «Esto es bastante duro y estoy muy asustada», señaló Araceli Fernández. Las calles de Castrillo estaban ayer casi vacías. Pocos eran los vecinos que salían de sus casas. Persianas bajadas y puertas cerradas para impedir que se colase el humo en todas las viviendas. Algunos enviaron a sus hijos a casa de otros familiares y algunas viviendas se han quedado vacías a la espera de que se extinga totalmente el incendio. Por las calles de Castrillo no se informó por megafonía de qué medidas debían tomar los vecinos para impedir que el humo entrara en sus viviendas, a pesar de que en otros pueblos cercanos sí lo hicieron agentes de la Guardia Civil y voluntarios de Protección Civil. Preocupación Después de ir a comprobar que su perro estaba bien, José Manuel Fernández fue a tomarse un café al Mesón Posada. El animal estaba sólo en la finca que él tiene en su pueblo y estaba preocupado. «No sé cómo han permitido esto», señaló. Una de las camareras del bar, Jacqueline Fernández, apuntó que la gente estuvo muy asustada durante toda la noche y sobre todo, expectante. La joven declaró que el «túnel de humo» que se veía salir del vertedero era «de película». Además, añadió, que algunos coches ya tenían ceniza sobre los capós. En el bar y en las casas de Castrillo de la Ribera ayer no había otro tema de conversación. La indignación por saber qué esto podía ocurrir copaba las conversaciones.

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