| Crónica | De vinos por el Húmedo |
«A mí no me quita de fumar ni Dios, y menos Zapatero»
Antonio empezó fumando ramas de patata hace 62 años y hoy se acuerda de los legisladores. Ricardo y Alfredo no quieren hacer de policías en su bar, y en casa de las Esther sólo fumarán ellas
Ricardo, propietario del bar La Tienda, defiende la libertad individual
El mercadillo de los miércoles ha llenado los bares del Húmedo de vendedores de pavos y lombarda. Se nota la Navidad. Muchos de ellos son octogenarios. Como un anónimo al que llaman Antonio, 62 años de fumador: «Empecé fumando ramas de patata y raíces de chopo, y después tabaco natural». «Y no lo pienso dejar, para lo que me queda...». Bar La Tienda, en la plaza Mayor. Ricardo es el propietario y lo tiene claro: «Aquí se fuma. Cada uno tiene derecho a morirse de lo que le dé la gana». Y no le falta razón cuando dice que no puede «hacer de policía» detrás de una barra, persiguiendo menores que compran cigarrillos en la máquina expendedora o acusando a un cliente fumador. «Eso no», asevera. En este local, donde se mezclan ambulantes y banqueros, la presencia de periodistas atrae a dos hombres mayores. Alvaro Flecha empieza la conversación: «Si la mujer no fuma, ahora está tentada a no dejarte fumar ni en casa». Esteban Canseco responde: «¿Y el que quiera casarse, qué? A ver si ahora los novios van a tener que comer separados en el banquete». Cosas de mujeres Esther madre, de unos 60 años, y Esther hija -echen la cuenta- entran en el bar y ambas encienden un cigarrillo. «En casa sólo fumamos las mujeres». Pero gana la practicidad y sólo lo hacen fuera del hogar: «Dentro, ni hablar». Dicen que acatarán la ley. «¡Qué remedio!». Casa Benito es el bar más antiguo de León. Funciona desde 1915. Alfredo, hijo del fundador, se sorprende de las nuevas leyes: «¿Quién soy yo para prohibir fumar? No tengo fuerza moral». Uno de sus clientes es Ernesto, leonés que reside en Francia. Toma un chato mientras fuma un purito. «En Francia, las Cortes quisieron hacer lo mismo y ganaron los fumadores», simplifica. «Lo que tienen que mirar es por qué se matan tantos jóvenes en la carretera», añade. «Que quiten los coches, que echan más humo que yo, no te jode. A mí no me quita de fumar ni Dios, y menos Zapatero», mascullan al final del bar.